Domingo, 12 Marzo 2017 08:16

Como pasajeros de la historia

Escrito por Yelaine Martínez Herrera

Jóvenes periodistas tuneros rinden homenaje a Fidel y a Martí en el cementerio de Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, y visitan lugares históricos y culturales de la heroica provincia.

Llegamos a Santiago de Cuba, a la tierra de las lomas que abrigaron a nuestros rebeldes. El eco de la historia se siente a cada paso. Somos una representación de periodistas tuneros, pero aquí nos sentimos diferentes, como una especie de pasajeros de la historia. Las palmas reales parecen salidas de un cuadro de Tomás Sánchez. Las casas simulan maquetas silenciosas. El ruido del motor de la guagua en la que nos trasladamos irrumpe el silencio. Y llegamos a la primera parada: la Iglesia del Cobre.
Cientos de peregrinos visitan el lugar. Unos con velas, otros con girasoles en las manos, todos dispuestos a rendirle tributo a La Virgen de la Caridad, considerada Patrona de Cuba. Una señora en una esquina riega agua bendita, las personas se persignan, muchos han llegado desde lejos para pagar una promesa, otros encuentran tranquilidad con la oración.
Dentro del santuario todo es armonía. Los ojos de aquella figura encontrada sobre una tabla hace más de 400 años en la Bahía de Nipe, provincia de Holguín, observan a sus hijos que se juntan para pedirle todo tipo de cosas.
Ya salimos de la colosal iglesia. Ella, sentada en la cima de una loma, se desdibuja en el horizonte mientras nos alejamos. Algunos llevan para el recuerdo estampillas con la imagen de la virgen y piedras de cobre. Es su manera de conservar un pedazo de tradición, un pedazo de suelo pisado quién sabe por cuántos seres humanos, de diferentes países, sencillamente un pedazo de fe que trasciende para convertirse en un suceso cultural.
La ciudad pronto acaricia la mirada. Para quienes venimos de una provincia con un relieve llano se nos torna un aperitivo para las pupilas el enigma de la diferencia. En la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, el Titán de Bronce nos saluda. Seguimos eufóricos. Un lugar sagrado nos espera: el Cementerio Santa Ifigenia.
Mientras tanto, vemos emerger las casas altaneras, porque si algo tiene Santiago es su capacidad de resistencia, bien lo saben los ciclones, los temblores y cada huella dejada por nuestros héroes y mártires en la historia, como los ojos de Abel, como el llanto de las madres que ofrendaron sus hijos a la Patria.
Ya estamos en el Cementerio Santa Ifigenia. El asta de la bandera cubana ondea primorosa. ¡Cuánta belleza y simbolismo en un mismo sitio! Ahí está José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales, Frank País, Emilio Bacardí... ¡Tantos hijos ilustres de esta tierra! Cada trozo de mármol resplandece más con el brillo del tributo, ese que tantos cubanos y foráneos les realizan allí.
Pero sin dudas, llegar hasta la humilde roca donde descansa Fidel, nuestro eterno Comandante en Jefe, es el mayor honor de este periplo. Frente a la piedra constatamos una vez más la grandeza de alguien que, con los merecidos aplausos, quiso pasar a la posteridad de forma sencilla. Sin embargo, ya lo dijo Martí, Héroe Nacional de Cuba: "Cuando un hombre grandioso desaparece de la tierra deja tras de sí claridad pura y apetito de paz". Y eso dejó Fidel, un camino lleno de lumbreras.
Afortunados, así se define el sentir de este equipo de la prensa. Pero las sorpresas del itinerario aún no acaban. Luego de una escala para almorzar en el restaurante Don Antonio, de la Ciudad Héroe, momento amenizado por el septeto Cumbre, de música tradicional, regresamos a Las Tunas.
Junto al cansancio, la alegría de sabernos dichosos. A la Jornada por el Día de la Prensa, que se celebrará el 14 de Marzo, le debemos este tesoro de experiencia. Fue una lluvia de inspiración caída sobre nosotros para crear y ser mejores periodistas.

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