Interpretando los análisis de la plenaria mensual de la economía al estilo del deporte de las bolas y los strikes, los principales indicadores de juego están en números rojos: los "pícheres abridores" no han podido lograr que las ventas y producciones físicas alcancen las cantidades planificadas, los “bateadores” de la circulación mercantil no se embasan lo suficiente, el "cácher" de los ingresos por exportaciones dejó escapar un gigantesco passboll de 60 millones de pesos y las jugadas de corrido y bateo de las utilidades tampoco han dado los resultados esperados.
El escenario que ahora mismo suscita la máxima atención en el equipo de dirección local es el fruto de la combinación de varios factores. Las Tunas no ha podido contar con el aporte crucial del tercer y cuarto bate de su lineup: las industrias azucarera y productora de acero, respectivamente. La primera lo anunció desde el fin de la zafra 2018-2019 y aunque intentó volver a conectar algún que otro jit con los derivados de dulce, sus opciones ya fueron muy pocas al perder la oportunidad del jonrón con bases llenas que habría significado cumplir con la producción de azúcar.
La situación del acero es diferente. Las “lesiones” han asediado constantemente a este "slugger" acostumbrado a romper sus propios récords una y otra vez. A la carencia casi crónica de chatarra que sufre se unió el efecto de las medidas de recorte energético a causa del recrudecimiento del bloqueo estadounidense. De manera que este “bateador de poder” puede que se vea alguna que otra vez al bate antes de enero del 2020, pero sin posibilidades de alcanzar sus cotas proyectadas.
Para colmo persisten esos “errores a la defensiva” de los "jugadores al campo" del desempeño económico de la provincia, cuyo saldo sigue generando preocupación en la dirección del Partido y el Gobierno aquí. Ahí están, por ejemplo, el millón de pesos asignados a los subsidios para la construcción de viviendas sin ejecutarse todavía por morosidad en su otorgamiento por parte de los consejos de la administración municipales; o que las recaudaciones fiscales, tanto del sector estatal como el privado, tampoco alcancen las cuantías previstas.
Este diagnóstico “sabermétrico” de la economía en el Balcón del Oriente Cubano ocurrió sin que aún se sepa con certeza cuáles serán los efectos que tendrán la reducción de la actividad acaecida en septiembre por culpa del juego sucio de la Administración Trump, empeñada en cortar todo suministro de combustible al país.
Bajo esas condiciones, le toca al “bullpen” de los lanzadores de la eficiencia y el ahorro sacar la cara en lo que resta del 2019 y evitar que el panorama pase a mayores. Para lograrlo, bien cabría recordar la exhortación hecha desde suelo tunero por Alejandro Gil, ministro de Economía y Planificación. Él llamó a deslindar, dentro de la reducción del consumo energético actual, qué se deriva de dejar de producir bienes y servicios y qué de establecer verdaderos sistemas de ahorro. Las medidas que denoten eficiencia, insistió Gil, deberán quedarse como práctica cotidiana. Solo así Las Tunas estaría en condiciones de saltar con fuerzas renovadas a la “grama” de ese terreno escabroso que es la economía.






















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