Ha disfrutado tanto la maternidad que reparte paz, sosiego a borbotones. Nunca imaginó una prole semejante, no obstante "sucedió y un hijo siempre es bendición". Lo explica así, sencillamente.
"Ha sido una experiencia muy bonita, de mucha felicidad, lo que ya no recordaba de mi niñez con ellos lo he revivido. Es algo especial".
Si le preguntamos por días difíciles, enseguida habla de los partos, todos de manera natural. El primero fue muy doloroso, pero obviamente olvidó la angustia cuando cargó a Marcos David, hoy con 7 años.
Le siguen en la "escalera" las nenas Salomé Samay, de 3 y Querensy Mae, de 2. "Si te respalda una familia de verdad, como la mía, los momentos complejos se pasan. Claro que hay instantes en que me altero, cuando están los tres juntos o se me escapan, trepan por la cerca..., pero no les pego, los castigo.
"Enseguida alguno viene, me da un besito, y detrás queda lo malo. El mayor y la niña más pequeña son los hiperactivos, veremos cómo sale el varoncito que espero", explica sonriente.
Para evitar los celos ha probado varias técnicas. "Mi esposo y yo nos repartimos las tareas, tratamos de unirlos y jugar de conjunto. Para el estudio nos dividimos las asignaturas y así Marcos David nos escucha a ambos. Vamos enseñándoles por edades a cuidarse entre ellos.
"Nos ha costado un poco que la menor entienda mi embarazo, se me tira arriba con fuerza. Ya me da besos en la barriga, vamos avanzando".
Cada amanecer es una prueba. "Me enorgullezco de los frutos de mi vientre. He madurado tanto, siento que soy otra persona. Nos esforzamos para que los niños se puedan mirar, los admiren por su disciplina, educación y buenos valores".
Antes de la llegada del segundo hombrecito, por estos días se acostumbra a un nuevo miembro de la familia, pollito Pío, la mascota del varón. ¡Mira que antojarse del ave al que ella le teme! Pero si Marcos David ha visto a su mamá ser tan valiente, cómo iba a imaginar que un simple pollo la espantaría.


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