Calla un instante: reflexiona, piensa, medita, rememora, evoca... Luego vuelve a las andadas. "Yo aprendí a leer con la Revolución ¡Y leí cada cosa...! A mí no hay quien me haga cuentos. Por ahí tengo un periódico que dice lo que era Victoria de las Tunas antes de llegar Fidel. Mire, aquí está... ¡Lea!"
Leo, entre otras cosas que, según el censo de 1953, la otrora Victoria de las Tunas contaba con 225 mil 873 habitantes y... ¡solo seis hospitales! Las camas de ingreso rondaban las 200 y dejaban fuera al sector rural, a pesar de residir allí 164 mil 576 seres humanos. Empero, 12 clínicas exclusivas ofertaban servicios a precios inasequibles. Los médicos no pasaban de 60, y la mayoría practicaba la medicina privada. Para los pobres, la municipalidad solamente dedicaba un presupuesto sanitario de 30 mil pesos.
Sigo pegado al recorte. En materia de Educación el panorama no era menos sombrío. Los analfabetos sobrepasaban ampliamente los 35 mil. En el campo la situación se tornaba muchísimo más dramática, pues apenas existían escuelas. La cantidad de maestros era también exigua, y la mayoría carecía de la debida preparación para asumir el desafío de enfrentar la docencia. A la Universidad llegaban solamente algunos hijos de colonos ricos.
Continúo. La comarca disponía de seis ingenios azucareros. Además, una planta de acopio de leche, una fábrica de galletas, otra de fideos; dos mataderos, una empacadora, varias panaderías artesanales... ¡y pare de contar! El desempleo, la explotación, la miseria, la insalubridad, la ignorancia, la prostitución, el juego, la droga y la represión constituían el desesperanzador óleo de aquel mal recordado período seudo-republicano.
La situación, por cierto, no resultaba franquicia exclusiva de Victoria de las Tunas. ¡Era un mal nacional! Algo había que hacer en Cuba para ponerle coto definitivo e instaurar un sistema de justicia social "de los humildes, por los humildes y para los humildes" , como diría Fidel años después. Y lo intentaron, desde luego: el 26 de Julio de 1953 se produjo el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Sin embargo, poco antes del ataque, los tuneros habían comenzado a mostrar su inconformidad con el régimen golpista, instaurado en la Isla el 10 de marzo de 1952. La alta dirigencia ortodoxa apenas impugnó aquel cuartelazo. Pero sus miembros más radicales sí. En consecuencia, varios de ellos se reunieron en enero de 1953 para romper con la politiquería que minaba el Partido fundado por Eddy Chibás. Allí decidieron pasar a la acción mediante la propaganda, cuya primera etapa consistió en distribuir materiales extraídos de publicaciones de contenido revolucionario como Alma Máter y Aldabonazo, y en captar nuevos miembros para el grupo.
No se limitaron a eso, empero. En una investigación a propósito del asunto, el historiador Víctor Marrero, consigna que los revolucionarios tuneros, además, hicieron abortar la parada escolar por el centenario de José Martí, para lo cual, previamente, distribuyeron volantes con este texto: "Padre, no dejes ir a tus hijos a la parada escolar, porque habrá disturbios y sus vidas corren peligro".

También lanzaron cuartillas antibatistianas con décimas de Jesús Rodríguez Vidal sobre los lunetarios de los teatros Rivera y Martí, en el parque Vicente García y la estación policial de la ciudad. Algunos ejemplares se remitieron vía correo a las residencias de los principales personeros y esbirros del régimen en el territorio. Hubo detenciones, pero nadie dio un paso atrás.
En eso andaba el grupo de revolucionarios de Victoria de las Tunas cuando se produjo el ataque a los cuarteles. La noticia produjo una ola de júbilo entre sus integrantes, quienes decidieron mantenerse alerta para pasar a la acción cuando resultara necesario. Mientras tanto, prosiguieron la captación de nuevos simpatizantes, realizaron sabotajes -como la quema del llamado Arco del Triunfo y de pasquines electorales- y se dieron a la tarea de distribuir copias de La historia me absolverá, traída a la zona por el chaparrero Ángel Ameijeiras.
Casi todos los asaltantes pasaron por nuestra ciudad en los días previos al hecho, tanto en automóviles como en guaguas. Se dice, incluso, que Fidel se detuvo en la cafetería El Néctar, donde hoy radica el restaurante Don Juan, al lado de la Plaza Martiana. Lo que sí está confirmado es que varios familiares de esos valientes se alojaron por aquellas fechas en el Hotel Casino, en tránsito hacia Santiago de Cuba.
Cuando en 1955, después de ser condenado y encarcelado por el suceso, Fidel salió de la prisión, Juan Pérez González, revolucionario tunero, viajó a La Habana y se entrevistó con él para poner al grupo a sus órdenes. Nuestro Líder le respondió que lo tendría en cuenta llegado el momento.
Los jóvenes hicieron contacto luego con militantes camagüeyanos por intermedio de Jesús Suárez Gayol y de Cándido González, dos tuneros que residían en la Ciudad de los Tinajones. También con Pedro Miret, en la capital, a quien le manifestaron el deseo del grupo de integrarse al Movimiento 26 de Julio.
Poco después, Fidel se exilió en México. Pero un enviado de la Dirección Nacional vino a Tunas y valoró sobre el terreno el nivel de organización conseguido por los antibatistianos. Junto con una comisión local, el visitante recorrió todos los poblados de las regiones que integrarían luego la Séptima Zona del Movimiento. Así, fueron visitados Jobabo, Manatí, Vázquez, San Manuel, Puerto Padre, Delicias y Chaparra. Desde el país azteca, se orientó pasar de la actividad política a la actividad revolucionaria. Comenzó a escucharse ¡Revolución, Revolución!
A finales de 1955 llegaron aquí Frank País, Léster Rodríguez y otros miembros de la dirección del Movimiento en la provincia de Oriente. Se reunieron con los patriotas locales en el depósito de ron Pinilla que existía entonces en Lucas Ortiz, esquina Juan G. Gómez. Después de escuchar el informe organizativo del grupo, Frank orientó crear células por sectores, con no menos de cinco miembros y no más de 10. Esa reunión fundacional aparece en los anales de la historia local como la que incorporó a la comarca al Movimiento 26 de Julio.
Luego todo marchó a velocidad de vértigo y la bandera rojinegra ondeó junto a la de la estrella solitaria. Las células tuneras entraron en acción y cumplieron las tareas asignadas por el alto mando. No pocos de sus miembros tomaron rumbo a la Sierra Maestra, después del desembarco del Granma. Muchos cerraron filas en las columnas rebeldes que hicieron la invasión a occidente al mando de Camilo y el Che. Algunos integran el martirologio de la Patria, por haber ofrendado sus vidas.
El panorama tunero actual carece de nexos con el de la etapa que me reseña el recorte del limpiabotas Justino. Hoy tenemos más de medio millón de habitantes, 13 hospitales, casi dos mil camas de ingreso, cobertura absoluta en el sector rural, millares de médicos, hogares de ancianos, maternos, casas de niños sin amparo familiar, campañas de vacunación... Erradicamos los analfabetos y contamos con miles de maestros muy bien preparados. Disponemos de centenares de escuelas, universidades municipales y hasta soñamos con ser el país más culto del mundo.
Hemos reestructurado la industria azucarera. No sufrimos explotación, desempleo, miseria, represión, insalubridad, ignorancia, drogas, crímenes... Vivimos en paz y estamos orgullosos de lo que somos. Sí, Las Tunas es hoy un óleo diferente. Aquel 26 de Julio de 1953 hizo posibles estas realidades. Valió la pena luchar. Y habrá más. Porque cualquier tiempo futuro tiene que ser mejor.






















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