Domingo, 30 Julio 2017 05:04

Vámonos de selfie (+infografía)

Escrito por José Armando Fernández Salazar

Las Tunas.- Una invitación a salir, antes, podía significar ir a tomar helado o sencillamente sentarse en el parque a competir contando los carros rusos y los modernos. Hoy la opción recreativa podría ser, irnos de selfie.

Llegamos a una esquina y sí, parece ser el lugar perfecto. El grupo se arremolina, la de al lado pone cara de selfie, alguien extiende su celular, o todos extienden su celular y... "digan cheese". Ya está. Ha sido el primero, ahora hay que seguir con el programa. Después viene uno en el parque, otro acompañado del niño fastidioso de la familia, saludando al señor mayor que no entiende lo que pasa, la mascota de alguien, frente a una tienda, al lado de un carro moderno que no es tuyo, comiendo algo o todo meloso con tu pareja.
En cada caso no debe faltar el breve texto descriptivo: "Aquí al lado de un perro", por ejemplo, porque de no ser por esa explicación hubiera sido difícil deducirlo.
No hay una receta para hacer un selfie, aunque ciertas páginas hablan de que existen 21 poses para lograr uno exitoso. Por cierto, se comprobó que las mujeres tienden a ladear la cabeza un 150 por ciento más de veces  que los hombres.
Selfie fue la palabra del año para los de habla inglesa en el 2013 y para los hispanohablantes en el 2015. Nosotros tenemos el término más castellano autofoto, pero no suena tan guay como el anglicismo.
Y aunque eso de hinchar el ego haciéndose autorretratos es tan viejo como la Mona Lisa (algunos dicen que es el mismísimo Da Vinci disfrazado), el fenómeno se ha vuelto mundial por la explosión de las redes sociales (más de un millón son compartidos al día) y las facilidades tecnológicas de los smartphones, cada vez con cámaras más potentes, aunque en ocasiones ni eso puede corregir los defectos del modelo.
Por ello han surgido aplicaciones para retocar las fotos. El 36 por ciento de las personas admite haber retocado sus imágenes antes de compartirlas: los hombres, dos veces más que las mujeres.
Y es que selfie no es solo tomarse la foto, además hay que compartirla en las redes sociales. Un análisis semiótico de estas imágenes denota que más allá de registrar un suceso importante en nuestras vidas, el objetivo es buscar la aceptación del grupo o transmitir un mensaje "a quien pueda interesar".
Por eso ocurren cosas como las que evidenció un reciente estudio de una universidad norteamericana, en el que entre los jóvenes encuestados la mayoría reconoció que el 80 por ciento del tiempo que dedican al ocio es ocupado por tomar fotos para subirlas a las redes sociales.
Y nadie escapa de ello. El que viaja por primera vez a La Habana, o sale del país, enseguida se toma una foto en el aeropuerto ("Aquí esperando el avión") ¿por qué nadie lo hace en una parada de guaguas o en la piquera de coches? Y siempre está el impertinente que en el mejor momento de una conversación la interrumpe para la foto colectiva, como si se tratara de una foto de dignatarios en una cumbre internacional. No dude de que aparezca algún loco que se tome un selfie en un velorio y después lo cuelgue en su perfil ("Aquí despidiendo a la abuela").
En el mundo hay gente que cobra por tomarse selfies en determinados lugares y promocionarlos en las redes sociales. Otros buscan desafíos, que en no pocas ocasiones terminan con la muerte del atrevido. Escudriñando en Internet se encuentran casos insólitos de crímenes resueltos utilizando este tipo de imágenes o por el contrario, de zonas donde está prohibido tomarlas. Incluso existe un padecimiento como resultado del uso excesivo de esta costumbre, tiene un nombre raro, aunque algunos lo llaman popularmente como síndrome del vanidoso.
Los selfies en Cuba tienen características atípicas porque generalmente vivimos offline (o sea sin internet).
Y si bien nuestras ciudades no son Londres (la urbe con ayor presencia en todos los selfies publicados hasta el momento), la gente aprovecha cualquier oportunidad para hacerse su foto. Pero por muy buen modelo que usted sea va a llegar el momento en que sus selfies van a ser aburridos porque nuestros parques no tienen muchos sitios fotogénicos. Así que nuestros autorretratos tienen cierto proceso de producción un poco más lento. Pero no por ello dejan de ser ingeniosos.
A juzgar por lo que se encuentra en las redes sociales, los cubanos nos pasamos casi todo el tiempo en la playa, comiendo o bebiendo. Pero la variedad temática, por suerte, escapa de estos lugares comunes. Incluso, creo haber visto por ahí un álbum de fotos de 15 en el que la adolescente incluyó una foto que asemeja un selfie. Quizás pudiera valorarse la posibilidad de que también se incluya en el Carné de Identidad o al menos en la libreta de abastecimiento.
Usted se imagina llegando a una oficina de trámites y que le exijan un selfie en la casa para la que está solicitando licencia de construcción. Eso es originalidad y uso inteligente de las nuevas tecnologías.
O sea, que en Cuba el selfie no solo ha llegado para quedarse, sino que pudiera encontrar nuevas formas de manifestarse a la luz de nuestra inventiva e idiosincrasia. Por eso, no lo dude, vámonos de selfie.

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