Lunes, 31 Julio 2017 21:48

Las Tunas, ¿Venecia cubana? (+audios e infografía)

Escrito por José Armando Fernández Salazar e István Ojeda Bello

Las Tunas.- Manuel Sabater a veces no quiere que llueva. Es un mal pensamiento frente a tanta tierra sedienta, pero él tiene sus razones. Por dos décadas ha vivido en la calle Gonzalo de Quesada, de la ciudad de Las Tunas, en un vecindario donde las crecidas del río Ahogapollos son parte de la vida cotidiana.

"A mí me ha llegado el agua hasta la cintura", cuenta. Como la de Manuel, la memoria popular da fe de los episodios de lluvias intensas que convirtieron las calles en ríos, como si la naturaleza reclamara lo que ilusamente se le ha pretendido quitar.
Si los recuerdos de los daños causados por el huracán Flora en 1963 ya van siendo imágenes difusas, por mucho tiempo las paredes humedecidas de las viviendas aledañas al río Hórmigo recordaron hasta dónde se elevaron las aguas, la triste noche del 31 de mayo y en la madrugada del primero de junio de 1993. Más cerca está el aluvión que provocó la tormenta tropical Noel en varios poblados tuneros en el 2007. En este mismo 2017 lo visto el 22 de mayo y 9 de junio le agregaron otro capítulo a la larga saga.
¿Cómo es posible que anualmente se repitan los mismos problemas? ¿Habrá una solución definitiva?
                                                             JUNTOS Y REVUELTOS
Como la de un matrimonio mal llevado, está siendo la vida entre la ciudad de Las Tunas y los ríos que la atraviesan. De eso dan fe los testimonios colectados por 26 Digital. Se trata de un asunto más viejo de lo que parece.
"El desarrollo de nuestras ciudades ha sido atípico", afirma la arquitecta Tania Vázquez Góngora, subdirectora de Urbanismo de la Dirección Provincial de Planificación Física. Lo correcto, explica, es que primero se haga el acondicionamiento de la infraestructura, o sea, las redes de alcantarillado, agua, electricidad y la creación de espacios públicos; y después se levanten las viviendas. Antes del triunfo de la Revolución, y también después de 1959, en varios sitios fue al revés.
"Las Tunas -afirma- generalmente es una ciudad seca. No obstante, por las características del terreno llano, si cuando llueve no tienes previstas las condiciones de drenaje o cuáles son las áreas vulnerables; si la calle va por encima de las casas, con la más leve lluvia el agua penetra en las viviendas.
"En toda acción constructiva -insiste- ya sea de ampliación o una obra nueva debe regularse el nivel del piso de la vivienda, si existe o no un vial asfaltado de acceso al frente. Debe preverse cómo se evacuarán las aguas pluviales de la parcela y hacia dónde van a hacerlo". Desgraciadamente esto no se ha tenido en cuenta, a su juicio, en viviendas particulares, en las edificadas por constructoras estatales y en espacios de urbanización como parques, paseos, incluso, de los años recientes.
"Estas inundaciones se dan, sobre todo, por la intensidad de las precipitaciones", opina Reynol Pérez Fernández. El especialista de la Delegación del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (Citma) agrega que "en la Tormenta del Siglo (1993) cayeron alrededor de 400 milímetros en 24 horas, en el ciclón Flora fueron 500, pero en períodos de tiempo más largos".
Pérez Fernández alerta que "por el cambio climático la tendencia es a que las lluvias se espacien más en el tiempo, pero que cuando ocurran sean muy intensas. Eso provocará inundaciones locales.

"Para colmo -critica el experto de la Agencia de Medio Ambiente adscrita al Citma-, en lugares como frente a la Terminal de Ómnibus o junto a la gasolinera conocida como El Panchito (avenida Camilo Cienfuegos) se carece de drenaje pluvial".
                                                         ¿SIN LEY NI ORDEN?
Aunque muchos lo ignoren o pretendan hacerlo, ahí están las normas urbanísticas cubanas, las cuales establecen que según su clasificación los ríos tienen un rango mayor o menor de protección, donde no está permitido hacer construcciones que afecten su cauce.
La ciudad Las Tunas, en específico, tiene su Plan General de Ordenamiento Urbano que comprende el enfrentamiento de riesgos y vulnerabilidades ante desastres naturales o tecnológicos. Del mismo saldrá una nueva versión en octubre de este año si bien ya ha adelantado algunos resultados, definiéndose aquellas viviendas que por no atenerse a las normativas del desagüe adecuado provocan o son vulnerables a las inundaciones.
Andrés Chang, titular del Centro Provincial de Gestión de Riesgos, indica que esas evaluaciones mejoran estudios realizados en el 2012. Desde su punto de vista, en los espacios con peligro de inundación "se pueden asumir medidas como canalización y desobstrucción". Él patentiza su preocupación por la calidad de las acciones de limpieza que ha visto. "Se deja la basura y en la primera lluvia todo eso vuelve al arroyo", describe.
Mirtha García, delegada en la provincia del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), organismo a quien le compete velar por el uso de ríos y embalses, hace hincapié en la valía del programa de supresión de vulnerabilidades allí diseñado.
"Se está trabajando, detalla, en la limpieza mecanizada del canal Cuba. Construirán una obra de fábrica para mitigar el efecto de las lluvias y disminuir las crecidas en el río. Pero hay que aclarar que siempre van a ocurrir inundaciones porque quien construya en el área de la cuenca debe saber que la naturaleza siempre va a buscar lo suyo".
                        HECHO CON LAS MANOS, DESBARATADO CON LOS PIES
Una señora, también en la calle Gonzalo de Quesada, comenta que fue a vivir a la ribera del Ahogapollos por más que odie las evacuaciones. Ella está convencida de que aquel se está cobrando tanto agravio acumulado. Otros entrevistados reconocieron que, incluso, en el escenario ideal de dragados eficientes y periódicos, esto sería nada frente a la práctica común de convertirlos en depósito de toda clase de desechos.
Guillermo Fonte, veterano residente en el lugar sostiene que de un tiempo esta parte se nota el "mal carácter" del río: "La gente ha tenido que inventar parabanes para que no entre porque dobla por la calle Nicolás Heredia e inunda casi toda la manzana. Hay que dragarlo, pero dicen que no hay equipos. En el barrio existen vecinos dispuestos a ayudar en lo que haga falta para solucionar este problema".
Sin embargo, en demasiadas ocasiones el esfuerzo por evitar lo peor fenece rápidamente. La práctica de conectar el desagüe del alcantarillado de las viviendas a los arroyos, por ejemplo, es una de las más frecuentes. "En la zona de la calle Gonzalo de Quesada han hecho eso y cuando llueve el agua retorna por ahí mismo", advierte Andrés Chang.
"Es competencia de nosotros y otros organismos evitar las violaciones de las normas establecidas. Eso depende de a quien le pertenezca el suelo. Nosotros como Planificación Física si vemos una acción constructiva que atente contra la naturaleza podemos atacarla y más si no tiene documentación.  Sin embargo, muchos de estos casos poseen documentación y entonces el inspector puede informarla, pero lleva un proceso más complejo", explica Tania Vázquez Góngora.
Los inspectores, refiere, no están facultados para echar abajo inmuebles u otra edificación. Eso es competencia de las comisiones multisectoriales que al efecto dirigen los Gobiernos municipales. Recalca también que el desconocimiento no puede ser la excusa de los infractores.
Empero los errores continúan reiterándose. Así ocurrió con los barrios a los que les instalaron agua y electricidad durante el 2014 y el 2015. Planificación, afirma Tania, señaló los hogares que debían ser reubicados antes de conectarlos a esas redes. Pero, comenta, "faltó el control y la fiscalización porque también se les dio acceso a tales servicios. Y ahora, ¿cómo lidiar con esas personas que están en un lugar de riesgo?".

Otro tanto sucedió con los damnificados de inundaciones anteriores. A ellos les levantaron una casa con cubierta y paredes fuertes en el mismo sitio donde se encontraba la anterior, violando las regulaciones urbanas.
"Lo correcto, reitera, es que sabiendo que estaban en zona vulnerable debieron reubicarlos en una dirección segura. Son recursos que se gastaron conociendo las áreas de riesgo que tiene la localidad".

Ahora nos hallamos en un punto en el cual, por razones obvias, ni los ríos ni la ciudad pueden irse a otro lugar.
                                                              INSEPARABLES
Esta es una historia en la que no parece haber nadie en posición de argüir inocencia, pues todos tienen alguna cuota de responsabilidad. La ciudadanía por no preservar su propio hábitat y las instituciones estatales por la inconsistencia, que dilapida los recursos de las arcas públicas y pone en tela de juicio la contundencia de las leyes aprobadas.

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Visto 4135 veces Modificado por última vez en Martes, 01 Agosto 2017 21:23

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