Las Tunas.- Escribir un libro, según José Martí, debía ser meta de todo ser humano. Pero hay libros y libros. A veces son páginas huecas que tocadas por la suerte se publican sin inquietar.
Y en otras resultan todo lo contrario, son fervor, diálogo, estremecimiento. Justo por esos senderos andan las cuartillas que tienen patria potestad en una investigadora que requirió mucho tesón y paciencia contra toda puerta cerrada ante su intento de hurgar en la verdadera historia de su padre.
María Antonia Bofill (Puerto Padre, 1954) demoró tres décadas en completar el volumen La olvidada expedición a Santo Domingo 1959, que tuvo hace unos días la presentación en Puerto Padre de su primera salida a la luz en Cuba. Cuenta con otras dos ediciones en República Dominicana.
Escribió un texto sugerente, exhaustivo, en cuyos enunciados el protagonismo lo llevan testimoniantes, recortes de periódicos y documentos que como hilos de una gran madeja encuentran perfecta conexión con los hechos.
Su concepto parte de la siguiente frase que es crucial para entender esta indagación: "La carga emocional era muy grande, un gran peso para mí y por eso en el libro trato de que mi voz no se oiga. Que se escuche a los personajes, sin el sesgo de mi propio dolor".
Pero... ¿cuál fue esa olvidada expedición? Se trata de la sucedida el 10 de agosto de 1959. En tal fecha zarparon de Puerto Padre rumbo a la patria de Máximo Gómez 29 combatientes, en su mayoría hijos de la Villa Azul, miembros del Ejército Rebelde, para apoyar la lucha contra la dictadura trujillista. Decidieron ir a respaldar a quien había sido su comandante en el Cuarto Frente Simón Bolívar, Delio Gómez Ochoa, que desde junio intentaba combatir el régimen en esa tierra hermana.
Entre los valientes estaba José Antonio Bofill Carbonell, el papá de María Antonia. Sucedió que por error fueron a dar a Haití, y las fuerzas represivas del dictador François Duvalier los diezmaron el 19, los torturaron y masacraron. Solo se salvaron cinco y cómo pudieron retornar a casa resultó otra batalla.
Hasta el 2009 muy poco se sabía al respecto en Santo Domingo; el artículo de una periodista destapó el hecho. Y en Cuba predominaba el silencio ante el tema. Pero María Antonia sí no podía callar. Para ella la historia de su país siempre ha sido inspiración. En su tesis de maestría, las tutorías, el trabajo con los estudiantes y en las motivaciones personales, allí ha estado esa presencia.
La vida de hombres como Martí, Gómez, Guiteras, Che, Camilo, Fidel, le han servido para tener un acercamiento a sucesos importantes. "Son modelos que he tratado de inculcar a mis hijos, mis nietos y a los cientos de alumnos en los que influí durante 40 años como maestra primaria y profesora del Instituto Pedagógico".
Y la entrevista a 26 Digital se le hizo imprescindible...
¿Qué memorias constituyeron la génesis de este libro?
Han pasado muchos años y aún veo a mi padre, debajo del anoncillo, vestido de verde olivo, con la mirada prendida en el camino que salía hacia la ciudad de Holguín, donde estaba el Séptimo Regimiento Militar del triunfante Ejército Rebelde. También escucho su despedida: "Yo regreso mañana".
A mi inocencia no llegó la respuesta que justificara su partida. Han pasado más de 50 años de aquella mañana en que recibí su última imagen. Mi papá el día antes de irse durmió abrazado a mí, recuerdo que trajo cuadernos, lápices y me dijo que aprendiera mucho para hacerme maestra y que tuviera siempre el pelo largo.
Esas cosas se prendieron para siempre en mi mente. No pudo verme con el uniforme escolar. Tenía cinco años, ya he llegado a los 62. Siempre soñé con mi papá, su vida constituyó para mí un enigma, solo escuchaba comentarios que me lastimaban mucho.
Durante la adolescencia seguía soñando con su figura, a veces lo veía como un héroe, junto a otros compañeros. Poco escuché sobre él, excepto las palabras de mi hermano, que siempre tenía una queja y hacía demandas de respeto, "porque cuando llegara su papá él tendría un revólver".
¿Cómo fue el proceso para recopilar tanta información?
Comencé a averiguar, a sopesar criterios, tomar al vuelo opiniones que se escapan, consultar a gente de experiencia. Significativo fue el testimonio de cuatro de los sobrevivientes del grupo expedicionario y los encuentros con las madres de aquellos jóvenes y con sus 11 hijos e hijas que, como yo, no sabían sobre el destino y la verdad de sus padres.
Importante fue hallar en hemerotecas las publicaciones de la época y recoger datos sobre este hecho histórico al que trato de rescatar para el tiempo presente; libros publicados que me permitieron hacer un abordaje de acontecimientos y personas que las nuevas generaciones pudieran percibir como leyenda, pero que son historia.
Así comencé a organizar toda la información durante 30 años y logré traer a la memoria el ronroneo del motor del barco La Rubia con su carga de hombres, en su mayoría, muy bisoños, con más sueños que armas, con más coraje que organización, con más convencimiento que recursos; para que aquel adiós hoy no se convierta en olvido.
¿Cuándo tomó cuerpo el interés por publicar el texto en Cuba?
El interés surge en primer lugar de mi compatriota José Abreu quien siempre creyó en mi historia y me prometió que sería reimpreso por el Instituto de Historia de Cuba, y así fue, con la presentación del Doctor René González, su presidente.
Partimos de que el libro constituye un intento por revalorizar la memoria de mi padre y sus compañeros, y el esfuerzo para enriquecer los documentos acerca de este acontecimiento. Es lo más importante.
Aquí reflejo el accionar de aquellos hombres que, guiados por la fuerza y los sentimientos de libertad, más los sueños de acabar con las dictaduras en la región latinoamericana, y contando con la experiencia de la reciente Revolución en Cuba, se inmolaron para trazar nuevos rumbos.
El Doctor Roberto Cassá, director del Archivo General de la República Dominicana, primera institución en sacar a la luz estas páginas, reconoció en su momento que gracias al meritorio estudio de María Antonia Bofill se ha dado un paso de reconocimiento a la tremenda entrega de esos revolucionarios. El conocimiento del hecho contribuye a cimentar la amistad entre cubanos y dominicanos.


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