Esa solicitud es bien añeja y una y otra vez la reciben oídos sordos en un sector lo suficientemente cuestionado, como para que la respuesta sea buscar soluciones y no seguir revisando cuando haya quejas o preocupaciones.
Y es que, en Jobabo, un municipio eminentemente agrícola, todavía esa exquisitez comercial en los productos del agro parece no ser prioridad o le falta atención. Pues, no solo se trata de la última semana en que la andanada de racimos de plátano enclenques, tumbados por los vientos de Irma, saturó los puntos de venta estatales, sino que es un problema viejo, acumulado mes tras mes.
Basta con seguirles el juego a las tablillas de los precios y darse cuenta que rara vez aparece algo con categoría de segunda o tercera, o incluso, fuera de norma. ¿Será que cada ejemplar salido del campo es de primera? Quien sabe de precios tiene muy claro que, en un mismo racimo de plátano, una vez desmanados, que es como se vende generalmente, pueden aparecer las tres clases. Y no todo tiene que ponerse a 2.10 pesos como suele suceder.
Igual sucede cuando se saca yuca, calabaza, boniato... y hasta el coco, que pasa más de una semana en los estantes y sigue a un 1.00 peso sin que nadie abogue por un cambio de rango.
Ya es archiconocida la misma justificación no hay técnico de calidad, vamos a revisar, y la última que pudimos obtener que difiere totalmente de la política de venta: Si bajamos el precio, eso va en contra del salario de los trabajadores del mercado y las placitas.
Y qué hay de lo que dicen las resoluciones que norman los precios cuando pasan los surtidos más de 72 horas estancados.
Si tanto criticamos a diario a los carretilleros por sus altas tarifas, cómo vamos a permitir que las entidades estatales continúen timando a la gente con costos que no se correspondan con la calidad de un producto, el cual muchas veces se le compra al campesino a precios irrisorios.
Lo interesante de este panorama es que no solo Acopio, entidad a cargo de la comercialización agrícola, resulta responsable del asunto, sino también el resto de los órganos que tienen en su objeto social velar por la correcta aplicación de normas y precios, entre ellos la dirección de Finanzas y los supervisores integrales, estos últimos con un largo historial de multas a los vendedores de plátano que vienen desde las cooperativas y sin contravenciones puestas en los estanquillos del mercado y las placitas.


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