Cuando la ola deshaga tan peculiar reverencia, cada pétalo será una guirnalda olorosa a lomerío que humedecerá de gratitud tu chaqueta guerrillera.
Las flores son recurrencia en tu líquido mausoleo, y una evocación de la llaneza de pueblo instalada en tu barba, la sonrisa y el sombrero. Camilo Cienfuegos... A tu nombre van uncidos 100 fuegos de bravura, inflamados todavía en aquellos versos de Byrne que tú hiciste famosos.
Jamás fue necesario buscarte en octubre, porque a zancadas de gigante has recorrido el almanaque como para confirmar tu omnipresencia. Y si esa flor es apenas un detalle, la ofrenda que transpira admiración, una floresta navegará mañana hacia ti con buen viento y mejor velamen.
Porque, Camilo, no hay discurso que pueda competir en elocuencia con el espontáneo acto de ofrecerte rosas, marpacíficos, lirios, azucenas... cada 28 de Octubre. Hace 58 almanaques ocurrió aquella zambullida tuya en la historia de Cuba. Pero un día no es suficiente para darle la vuelta a un hombre.
Este sábado sobrevendrá un alud de crónicas en tu memoria. Será como una paradoja, porque, ¿es que acaso has dejado de estar entre nosotros?






















Escriba su comentario
Post comentado como Invitado