La voz le tiembla, entre la elegancia que aún conserva a su edad. "Amo a Fidel, gracias a él tuve a mis hijos y pude ser una mujer trabajadora. Para mí sigue vivo, nunca creí la noticia cuando vinieron a decírmela. Él está vivo en mí, siempre".
En su rostro húmedo por ese río de amor tierno y doloroso que la embarga ahora, vuelve a ser rotunda: "Es mi Comandante, siempre quise llegar adonde estaba, pero no pude. No está muerto, respira en todo y en mí, aunque parezca un egoísmo quizás, jamás se irá mientras yo viva. Yo amo a Fidel".
María, jubilada del sector del Comercio, se seca las lágrimas y oprime contra el pecho las más de 10 décimas, otros cinco poemas y dos canciones que le hizo. Ahora, una vez más, las pondrá en la sala de su apartamento, allí donde cada día da gracias a nuestro Líder.


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