Martes, 27 Febrero 2018 05:29

La última carga del Mayor General

Escrito por Misleydis González Ávila

Río Chico, Venezuela, 4 de marzo de 1886, fallece Vicente García, víctima de una dolorosa enfermedad causada por envenenamiento. El espía español Ramón Dávila selló sus intenciones, como Judas, poniendo vidrio molido a un plato de quimbombó.

Las Tunas.- Todavía arde en su pecho la llama independentista, aquella lumbre que tiempos atrás lo había impulsado a la lucha. Está allí, tendido sobre una rústica cama con la mirada perdida quién sabe dónde y con el dolor profundo de saberse lejos de la Patria. Siente cercano el encuentro con la muerte y, aún así, desafiando al destino, se aferra a la vida, consciente de que la misión no ha terminado.

Sus pensamientos cabalgan para adentrarse en una historia colmada de hazañas y también de incomprensiones. Hace un esfuerzo por recuperar el aliento y los pausados suspiros, una vez exhalados, parecen tornarse bálsamo por espacio de breves segundos.

Las gotas de sudor resbalan por la frente y humedecen el copioso bigote. Con extrema dificultad pone una de las manos en el pecho y las lentas palpitaciones de su corazón le anuncian la hora definitiva.

Al lado de la cama está el arma de combate, fiel camarada, testigo y huella de toda una vida. Inusitada virtud. Ahora ese machete parece como si aguardase, no por gusto de nadie, sino por deseo propio, librar junto al dueño otras contiendas.

En el cuarto, iluminado solo por unas pocas velas sobre la mesa, también permanecen sus familiares y compañeros de causa. Silenciosos esperan... Cada minuto se convierte en horas, el tiempo simula detener su paso y el sufrimiento se hace cada vez mayor.

Transcurre marzo de 1886 y Vicente García -en el lecho de muerte- dedica el último hálito a Las Tunas, tierra que un día prefirió ver quemada antes que esclava. La añoranza le hace más difícil la partida. Él sabe que los cubanos necesitan de su experiencia en la nueva gesta revolucionaria y, quizás por ello, intenta resistirse al inevitable destino.

Ese hombre, que hoy apenas puede respirar, es el mismo que años atrás abandonó riquezas y partió a la manigua en defensa de los humildes; el mismo espartano tunero al que acompañó obediente la victoria en el campo de batalla. Ilusos los mortales que intentan apagar las ideas con la desaparición de un cuerpo.

Como ráfaga de viento regresan los momentos de gloria a la mente del patriota. Una leve sonrisa asoma al rostro y, con la serenidad de quien ha sabido cumplir el deber, se dirige a sus huestes de armas: "Muero en tierra extranjera, pero ahí quedan ustedes para que ayuden a libertar a Cuba".

Siente como si le arrancasen un pedazo de las entrañas. El dolor es fuerte, pero no se queja, su comportamiento reafirma la voluntad de quién es. Casi sin aliento se alza sobre el codo. Esta vez no pronuncia palabra alguna, sus ojos lo dicen todo. No logra incorporarse y cae. Se queda quieto, con la mirada fija en el techo y comienza, entonces, un largo viaje a la eternidad. El Mayor General ha muerto...

Visto 3405 veces Modificado por última vez en Martes, 27 Febrero 2018 12:48

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