A Mirtha la encontramos en una placita próxima al reparto Aeropuerto de esta ciudad, y ante la premura del micrófono compartió enseguida sus recuerdos: “Fueron tiempos muy difíciles. En mi casa adoptamos la costumbre de comer pan como vianda. En los mercados de vez en vez se podía comprar alguna yuca o boniato, pero era infrecuente porque surtían tan poco que a la hora ya no quedaban ni las mermas. Últimamente hay un poco más de variedad. Aun así no hemos vuelto a ver el plátano burro y las cantidades siguen estando muy por debajo de la demanda, sobre todo, en estas partes alejadas del centro de la ciudad”.
El rostro de la distribución de los cultivos varios en la provincia es el mercado El Tunero. Ubicado en la arteria más transitada dentro de la Ciudad de las Esculturas no puede permitirse lo que otros: retirar la tablilla con el letrero del producto recién agotado. Su obligación es surtir rápidamente eso que se acaba de terminar. A sus puertas, 26 Digital encontró muchos rostros con opiniones diversas.
Telmis Reyes reside en el barrio Las 40 a no menos de 15 cuadras de ese lugar. Ante nuestra curiosidad es muy clara: “Yo vengo hasta acá porque cerca de donde vivo no surten ni la mitad de los productos que hay aquí. Así que me toca dar el viaje si quiero llevar variedad a mi casa”.
Heraclide tiene sus propios cuestionamientos: “Es una realidad que la mercancía de los carretilleros tiene otro rostro, mucho mejor, al de las placitas. Y supongo que salen del mismo lugar. Pero el campesino prefiere venderle al particular porque le paga mejor. Y al final, los más perjudicados somos nosotros”.
Manuel Martínez nos comenta: “Es verdad que te surten de casi todos los productos, pero en muy pocas cantidades, y no duran ni dos horas. Los abastecedores cumplen con traer y dicen que se distribuyó, por ejemplo, el burro al pueblo, pero en realidad solo un porcentaje muy pequeño de la población pudo acceder al plátano”.
Noel Barea Salazar ejerce como administrador de este Mercado Agropecuario desde diciembre pasado, aunque labora aquí desde su apertura a finales del 2016. Eso le permite opinar con propiedad sobre la evolución de los abastecimientos: “Cuando abrió había de todo. Estaban los campesinos produciendo bastante. Desgraciadamente, vino el ciclón y hubo un golpe duro para la agricultura”, relata. "Después de Irma, afirma, nunca faltaron los suministros, desde luego, no en los volúmenes anteriores.
“Ya han comenzado a resurgir las cosas, todavía no como al principio. En el último mes no ha faltado el plátano burro. No para que dure la jornada completa, pero al menos traemos todos los días. A veces es Acopio o si no, salimos a buscarlo en nuestros camiones”, señala. Para finales de marzo y comienzos de abril espera que crezcan más los suministros de plátano tanto vianda como burro, pues varios productores ya han concertado los envíos. Él no puede decir con certeza cuántas personas pasan por aquí diariamente, pero estima que son miles, incluso, de otros municipios. “Este Mercado no da abasto, todo lo se que traiga se vende”, comenta.
En el mercado El Anón otros compartieron sus criterios. Yaneisi asegura que regularmente va al lugar en busca de viandas y ensaladas y lo encuentra bien abastecido. Isnel nos confiesa que no visita los puntos de venta estatales: “Yo le compro las viandas, frutas y especias a los carretilleros. A un mayor precio, por supuesto, pero en los horarios que tengo disponibles ya no hay nada en ninguna placita".
Pedro Luis, dependiente del mercado tradicional ubicado junto al centro comercial Casa Piedra, nos comenta que allí la calabaza, el chopo y la yuca se han vendido regularmente a la población. Pero, admite, otros productos no han hecho presencia en sus mostradores como el burro, y el tomate apenas, en mínimas cantidades y en una sola ocasión desde que comenzó a cosecharse.
Martha Báez administra hace ya algunos años el mercado de Bonachea, otro de los sitios muy concurridos, especialmente, los fines de semana y por los habitantes de los barrios al norte de la línea del Ferrocarril Central. Ella conoce al dedillo las rutinas de cada jornada allí y tiene el compromiso de hacer bien su trabajo porque de ello depende el plato en la mesa de los consumidores.
“Durante la semana -puntualiza Martha- aquí nos llega solo yuca y calabaza. El poquito de otras viandas que entra es el sábado para la feria del domingo, y en mínimas cantidades. El plátano burro cuando viene son solo 10 o 15 quintales, así también sucede con el boniato. Y lógicamente, no satisfacen las necesidades del pueblo.
“Tomate solo hemos recibido para los días de feria y cinco o seis quintales. Las frutas están muy escasas. Apenas hemos vendido pequeñas cantidades de piña y en contadas ocasiones. Las hortalizas que están entrando como la cebolla, el ajo y el ají es por parte de los particulares”.
Entre el hervidero de juicios tras los mostradores persiste la lógica del pueblo, a veces, demasiado simplista en sus aseveraciones. Mientras algunos consumidores exageran en las críticas, otros se conforman con los surtidos. Pero es recurrente el criterio de que, además de las secuelas que dejó el huracán Irma, la falta de control y organización también impiden surtir a todos los establecimientos en igual proporción. En eso sí coinciden con las valoraciones que han hecho los directivos de la Agricultura en este territorio oriental.


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