Los nacidos aquí recibimos con beneplácito la noticia de su inserción entre las obras por reparar como parte del amplio programa constructivo en saludo al Día de la Rebeldía Nacional, que acometen distintas fuerzas. Se alista la creación, en la otrora Pista Joven, de un cabaré bajo las estrellas. Da gusto pasar por allí ahora y observar el ajetreo feliz de las labores constructivas.
Y, aunque dan la impresión de un ligero atraso, por dilemas en la arrancada y la lluvia reciente, sí se disfruta la certeza de que trabajan en la revitalización de este sitio, un recinto ferial de marcados valores arquitectónicos y culturales, entrañable por un sinnúmero de razones, para los hijos de este Balcón.
Muchas generaciones de tuneros crecimos entre "los caballitos de la Feria" y las jornadas hechas deleite interminable de los rodeos, coleos y acrobacias. Recordamos a los payasos allí, haciendo las mil y unas piruetas; el susto ante las amazonas y sus diestros movimientos, y el asombro infantil por los animales raros en exposición. No por gusto llegó a ser una de las plazas más importantes de su tipo en el país.
Ahora funciona más como un mercado dominical y sede de algunas actividades de rodeo. Y no es que esté mal tamaña iniciativa, sino que, al recorrerla, se extraña el esplendor de sus espacios, la limpieza de sus esquinas, lo concurridas de sus muestras y el ardor guajiro que se respiraba tan solo al poner un pie en la entrada del recinto, no importaba si lo hacía usted por el fondo o por la puerta principal.
Ya son 55 años. Es tiempo de volver la mirada hasta "La Feria", que es una manera de hacerlo hasta la historia misma que hemos ido construyendo los hijos de Vicente García.






















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