Las Tunas.- Era la medianoche del 31 de diciembre de 1958, y toda Cuba lo gritó hasta enronquecer: "¡Se fue Batista!". En efecto, acosado por los ímpetus de un ejército de barbudos vestido de verde olivo, el sátrapa, en unión de algunos de sus más cercanos compinches, abordó un avión y huyó del país al que había sumido en un baño de sangre.

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