Lunes, 24 Septiembre 2018 07:25

Mucho más que ir de blanco...

Escrito por Yuset Puig Pupo

Las Tunas.- Nos reímos a carcajadas con la idea de la boda. Él de traje blanco y Josué a su lado, de smoking también. La ceremonia sencilla frente al notario y en el momento preciso, a la hora del beso, ¿cómo hacerlo frente a los amigos y familiares a los que la edad, o el prejuicio arraigado no los dejan entender del todo, cuán irremediablemente diverso puede ser y, de hecho, es el amor?

Después de las risas nos ponemos serios. No es la primera vez que Jorgito seduce a mi pluma. Pero siempre me roba el tiempo de un tirón sin que pueda defenderme...

Él conoció a su pareja cuando eran casi niños. Ambos estudiaban. Josué tenía 17 años y soñaba con ser universitario mientras aprendía Contabilidad en el Politécnico. Jorge era técnico en Higiene, un poco mayor. Por esas indescifrables cuestiones del corazón, la química, los astros, o demás "culpables", se juntaron. Y después todo tuvo sentido.

De aquellos días ya distan 11 años. Entre el montón de promesas que se hicieron, una fue particularmente inobjetable. Ellos decidieron ir por más, echarle garras a las oportunidades y ceñirse a estas a toda costa. Si una cualidad se le escapa a Jorge Rodríguez Utria a flor de piel, es el hecho de ser inspirador. Eso debe haber ayudado aunque él no lo admita. Me cuenta que no fue sencillo, pero resultó.

El hombre del otro lado de mi micrófono es residente de tercer año en Ginecología, a un paso de convertirse en especialista. Para mí uno muy especial porque, reitero, de estudiante trajo a mi hijo al mundo en el Salón de Partos del hospital Ernesto Guevara de esta ciudad.

Josué también se hizo profesional y trabaja en Acinox. Viven como pareja desde que llevaban cuatro años de relación. Entre los dos adquirieron una casa, con la colaboración de los familiares de ambos. Tienen rutinas complejas porque en los horarios del uno y las guardias médicas del otro hay días en los que apenas les resta un par de horas para conversar. Son una familia poco convencional, pero definitivamente sólida.

Ellos nunca han pensado en casarse de blanco. No lo necesitan. Tienen amigos homosexuales que sí quieren hacerlo, incluso que se han ido del país y han logrado cumplir su anhelo en otras latitudes. Con lo que sueñan en verdad es con la posibilidad de tener hijos.

Jorge me cuenta que a él le encantaría una niña, pero Josué prefiere varón. Mantienen esperanzas de que en algún momento puedan conseguirlo por la vía médica, de forma asistida y en el vientre de una mujer dispuesta (él ya ha ido explorando opciones). Claro, con los correspondientes requisitos para que todo sea legal y se establezcan los deberes y derechos de la paternidad.

Mi interlocutor siente fascinación por los niños. Asegura que esa es la principal causa por la que quiso ser obstetra, verlos hacer su entrada desde primera fila, con los ojos asustados por la inmensidad del mundo.

Nuestro diálogo se corta cuando yo aún quiero escuchar más. Y es que Jorge próximamente va a participar en un Congreso Internacional de Ginecología en Río de Janeiro. La Asociación Internacional de Residentes de Ginecología le confirió ese honor y aún le restan muchos trámites por concluir. Me regaló un pedacito de su tiempo porque disfruta bastante compartir la historia de su vida. Tiene un brillo de orgullo en la mirada cuando habla de Josué que contagia.

Antes de la despedida resume mis inquietudes: "Me sorprendió el Artículo 68 del Proyecto de Constitución. No me quiero casar. Pero creo que tengo el derecho, así como de tener un hijo y sobre todo, que si mañana no estuviera más en este mundo, la persona que yo más amo se quede protegida, y pueda disponer de mis bienes con total amparo legal".

Sí quiero y sí puedo...

Como la historia de Jorge hay otras tantas a la vuelta de cualquier esquina, uniones atípicas, con metas y retos, donde prima el deseo de compartir la vida con alguien en especial. Una cuestión que no obedece precisamente a la lógica, pero tan profunda o más como cualquier disquisición filosófica, y sobre todo personal.

En los últimos tiempos la mirilla se ha vuelto hacia este tema en particular, y no siempre con el enfoque correcto. Desde que se presentó el Proyecto de Constitución, el artículo que estipula la posibilidad del matrimonio igualitario para homosexuales y heterosexuales ha generado bastante polémica en la población, incluso por encima de cuestiones más trascendentales.

Mucho prejuicio o ignorancia ha brotado de lugares insospechados. La máster en Ciencias y sexóloga Elia Marina Brito Hidalgo comparte con 26 los principales argumentos que esgrimen algunos tuneros en contra del Artículo 68, excluyendo los de índole religiosa porque según la especialista las cuestiones de la fe son creencias que por su naturaleza se distancian de la razón.

"Hay quienes consideran que es un paso acelerado para el que la sociedad cubana en general no está preparada -puntualiza Elia-. Creen que antes que el matrimonio igualitario hay temas más importantes que resolver. Otros se pronuncian porque las parejas del mismo género se unan, pero que no se llame matrimonio y que no puedan adoptar hijos.

"Los más radicales aluden a que este paso conduciría a la extinción de la especie porque los homosexuales no pueden procrear y al hecho de que hay que cuidar la inocencia de los niños y alejarlos de estos temas".

La cuestión es que a pesar de las campañas contra la homofobia y la transfobia y la supuesta apertura mental de los últimos años, en nuestra sociedad existe demasiado desconocimiento acerca de las sexualidades, los géneros y las identidades diferentes de la heteronormativa hegemónica.

En el imaginario social perdura la falsa creencia de que la homosexualidad es una enfermedad o patología social y que los homosexuales no cuentan con buena salud mental como para ser padres.

Estudios realizados por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) respaldan el hecho de que los mitos, estereotipos y prejuicios, históricamente fomentados por las religiones, han estipulado que una familia "normal" está compuesta por un hombre y una mujer (familia nuclear). Pero en la realidad la gama es más extensa, incluso para los heterosexuales: padres separados, monoparentales, reconstituidas, reensambladas, sustitutas, en adopción, extensas, ampliadas y otras más.

Es muy sencillo entender que cualquier pareja pueda desear tener hijos. Es algo así como una necesidad humana superior, una suerte de autorrealización, sin importar la composición de la familia. Esto es un derecho de cualquier ser humano de expresar libremente su identidad y poder asociarse y satisfacer sus necesidades psicológicas fundamentales.

El Artículo 68 no enuncia un fenómeno aislado o infrecuente en nuestra realidad. Cuando las parejas del mismo sexo quieren tener descendencia buscan vías para lograrlo: entran en familias tradicionales solo para concebir, utilizan técnicas de inseminación caseras o llegan a acuerdos entre gay y lesbianas para hacerlo posible. Las familias homoparentales existen y como parte de la sociedad deben crearse los mecanismos para su integración legal en todos los aspectos.

La posibilidad de vestir de blanco frente al notario, de acunar a un niño entre los brazos y contar con respaldo legal no es demasiado, es imprescindible. No se trata de dar migajas y seguir escondiéndonos en la doble moral. La homosexualidad existe y de ella emanan formaciones familiares. Una legislación al respecto no es adelantada, es coherente con estos tiempos, y ante todo, es sencillamente una cuestión de justicia social.

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Post comentado como Invitado

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  • Invitado - Enrique

    Excelente artículo! Felicidades Yuset por el abordaje ejemplar de esta temática.
    Da gusto leer estos argumentos, expuestos con profesionalismo, coherencia y objetividad.
    Adelante Cuba por más derechos para todos y todas! Arriba el artículo 68! Los derechos sexuales también son derechos humanos. Yo voto SÍ por el matrimonio igualitario!

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  • Invitado - Pepe

    Claro. Mientras sigamos confundiéndole la mente a muchos esto irá tan allá que no tendrá freno. Yo me declaro abiertamente en contra de la legalización del estatus social de homosexuales. Qué quieran hacer lo que les venga en gana con su cuerpo?. No lo veo bien, pero lo tolero y al final aunque yo no lo tolere ellos o ellas están en su derecho. Pero que la prensa de todo tipo (porque incluyo el espectáculo también como prensa en cierta manera) me lo quiera poner como lo más hemoso del mundo e incitando subiliminalmete a mi hijo o al del vecino que tengan este tipo de prácticas es lo que veo mal. Que los discriminen por su condición está mal, pero que los promuevan por su condición (como pasará en el futuro para que no acusen a la sociedad de homfóbica) está muy mal Si tiene las capacidades sea negor, blanco, mulato, rubio, albino, homosexual, transsexual o lo que le venga en gana que se promuevan en la sociedad. Pero llevar a cualquiera hasta un puesto clave por su condición es muy malo. No es mal nuestro solo, es de muchos países que por estar a la moda de los derechos humanos confunden estos con el libeertinaje humano

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