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Viernes, 24 Agosto 2018 06:28

Miguel y su amor por la tierra

Escrito por Juan Soto Cutiño
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Las Tunas.- En cualquier evento que convoque la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en la provincia para resaltar la labor de sus miembros o ventilar cuestiones de la producción de alimentos, a partir de las mejores propuestas, lo más seguro es que Miguel Mendoza Tamayo forme parte del auditorio.

campesino3Su vasta experiencia en el cultivo del plátano, rubro en el que ha sentado cátedra, ser abanderado de la comercialización a precio módico y figurar entre la vanguardia del campesinado tunero, son atributos que le conceden suficientes méritos como para alguien seguir sus consejos sin titubeo alguno.

Hombre hacendoso, siempre dispuesto, de mediana estatura y constitución física fuerte, Miguel es de esos labriegos que se defienden con la palabra tan bien como con las herramientas en las manos. De ahí que el diálogo con él resulte fluido y ameno.

¿Dicen que usted es el campeón del plátano en Las Tunas?

"Será porque las tres veces que he competido en el Festival del Plátano en el municipio de Jesús Menéndez y en el recién celebrado en la zona sur de la provincia, cogí el primer lugar con ejemplares de la variedad Enano guantanamero", comenta.

"En realidad me ha ido tan bien en este cultivo que solo dejaré de practicarlo cuando ya las fuerzas no lo permitan".

Fue en el 2008 que el Estado le entregó en usufructo 13,45 hectáreas de las mejores tierras radicadas a la altura del Kilómetro 14 y medio de la carretera Tunas-Jobabo, entre los barrios de Las Tablas y Feijóo.

"Hoy mi finca está como Dios manda, pero nadie sabe cuántos pinchazos y arañazos recibí del marabú a la hora de combatirlo con el filo del machete, sacrificio que más tarde se tradujo en beneficio y prosperidad para la familia".

Al principio Miguel se convirtió en uno de los productores de maíz más importantes de Jobabo. Así se mantuvo hasta que un buen día del año 2013, al levantarse le expresó a su esposa: "¡Oye!, anoche en un sueño oí una voz de mujer que me decía: No siembres más, siembra plátanooo..."

"¿Y tú que vas a hacer?"- inquirió su compañera. "¿Yo?, ¡sembrar plátano!". Y así se inició en el giro.

En Las Tablas y más allá, este despabilado anapista resultó el primero en romper el hielo en la proliferación del banano, pues hasta ese momento allí nadie lo sembró por considerar que tenía muchos enemigos, entre ellos, la enfermedad Sigatoka negra.

"¡Óigame!, cuando la gente vio a Miguel entregando plátano a Acopio y vendiendo los fines de semana en las ferias, aquello fue un detonante que encendió la chispa, a tal punto  que hoy sumamos entre 40 y 50 los campesinos que aquí lo cosechamos", confirma el destacado agricultor.

LOGROS Y PERSPECTIVAS

"Puedo asegurarte que desde que comencé a lidiar con esta vianda, he obtenido buenos dividendos. Con cuatro mil 500 matas sembradas por el sistema extradenso llegué a cosechar más de 600 quintales; algo asombroso.

"A mis platanales -explica- yo les hago hasta tres cortes, porque en cuanto comienzan a brotar los hijos le doy buena conducción a la planta, de manera que un sembradío de segundo corte da un racimo grande, con ejemplares de primera y buena calidad.

"El año que viene por esta época estoy sacando camiones de plátanos, porque he creado las condiciones para sobrepasar, incluso, las 20 toneladas registradas en el plan técnico económico".

¿Y LOS PRECIOS?

"Dondequiera que voy lo vendo a un 1.00 peso y salgo bien. Ese fue mi compromiso con José Ramón Machado Ventura y la máxima dirección del Partido y el Gobierno en la provincia, y no lo voy a incumplir.
"No es necesario estar explotando al pueblo, porque usted vende un racimo que tenga 40, 50 o 60 unidades y se echa al bolsillo igual cantidad de pesos, ¡cuánto no ganas cuando la venta sobrepasa los 100 tallos!

"¿Tú sabes lo que sucede con el tema de los precios?, que hay gente que siembra una hectárea y quiere hacerse millonaria en un abrir y cerrar de ojos, y el problema no es enriquecerse, sino vivir y que los demás también vivan.

"Mientras más sembremos, más ganaremos y más comida habrá para el pueblo, que es la misión estratégica que nos encomendó Fidel a todos los que formamos parte del campesinado cubano.

"Esa es mi filosofía y de ese carril no me saldré nunca", asevera este magnífico hombre de campo que ya ronda los 55 años y vive los mejores momentos de su existencia, en unión de sus hijos y esposa, en la confortable vivienda de mampostería hecha con esfuerzo propio, en el mismo corazón de la finca.

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