Desde muy temprana edad este joven, revolucionario por excelencia, inició las luchas por los derechos del pueblo trabajador, con mayor énfasis en los del sector azucarero del cual formaba parte.
No tenía hora ni día para atender las inquietudes de sus compañeros, ellos lo consideraban valiente y decidido. Hoy lo recuerdan aquellos que convivieron junto a él, este grande que se convirtió en una amenaza para los que defendían los intereses de la compañía, motivo suficiente para que les ordenaran a sus esbirros arrebatarle la vida a cualquier precio.
Fueron los mujalistas los encargados de cumplir la encomienda, sin pensar que en ese colectivo de hombres dedicados a producir el llamado oro dulce, había muchos Amancio que continuarían su lucha.
Él no debía asistir a aquella asamblea, pero su sentido de responsabilidad lo llevó a que ante la multitud que lo apoyaba, recibiera un disparo certero y cayera mortalmente herido y fuera socorrido de inmediato por su compañero de lucha José Oviedo Chacón, quien también perdió la vida.
Hoy, y desde hace 69 años, los trabajadores azucareros lo recuerdan con gratitud y amor, pues demostró que con razón y dignidad se vence, que no importa que caiga uno, dos o tres, lo importante es que quienes queden continúen la lucha para que entonces la muerte no sea en vano.
Quizás por ahí exista algún mujalista que memorice la brutal hazaña, pero estoy segura de que hay muchos más, que aunque no lo acompañaban aquel día de su partida obligada, lo recuerdan y siguen su ejemplo y como digno homenaje se comprometen a apoyar el desarrollo del país desde sus puestos de trabajo, ya sea en el surco o con los hierros dentro del central.
Por su ejemplo, consagración y constancia en la lucha por los derechos de los trabajadores azucareros, Amancio y Oviedo ya no están físicamente entre nosotros, pero siguen ahí, siendo ejemplo de unidad y compañerismo, valentía y responsabilidad, valores que deben predominar en la masa trabajadora, que hoy se siente satisfecha al ver hecho realidad que desde 1960 nuestro central dejara de llamarse Francisco Sugar Company para llevar por siempre y con dignidad el nombre de Amancio Rodríguez.


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