Eso de burlar la fuerza de las tradiciones no resultó con el joven de 37 años que ahora usa sombrero, camisa y reina en la finca Los Cholos, allá en las cercanÃas de La Victoria, en ManatÃ. Me cuenta que trabajó por más de 10 años en el Minint, pero el halón invisible de la tierra lo trajo de vuelta a la historia de su estirpe, gente campesina y conocedora de las mañas del terruño.
Desde el 2014 Alexey Curriño Velázquez se convirtió en productor. Su finca cuenta con una caballerÃa y media de tierra donde priman los sembrados de frutas, sobre todo mango, guayaba, fruta bomba, limón, nÃspero, coco y naranja. Además es fácil de distinguir las grandes hileras de plátano y yuca.
Basta unos pasos para advertir que el área, en secano, no se caracteriza por la abundancia de precipitaciones. Aunque Alexey asegura que sus suelos son muy agradecidos, con una llovizna enseguida cambian de color las plantas y todo florece en un abrir y cerrar de ojos.
El joven es ya de los mejores productores de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) 26 de Julio. Sus resultados se deben en parte a que ha sabido insertarse en el movimiento de la AgroecologÃa. Desde los albores aplica abono orgánico a sus cultivos, produce compost y humus y aprovecha cualquier capacitación que se le presente a través de la ANAP en el territorio.
"Cuando acepté la responsabilidad de la tierra supe que ya no habÃa vuelta atrás -me dice Alexey-. El trabajo aquà nunca falta, no hay dÃas feriados ni fines de semana. La satisfacción es que a uno le guste la vida en el campo, de otra forma no serÃa posible tener una finca.
"Tengo la proyección de destacar y avanzar en la producción de frutas. Por ahora también me dedico a la siembra de cultivos varios y la ganaderÃa. Cada año entrego alrededor de 270 quintales de viandas a la CCS para contribuir con el municipio.
"Me gustarÃa que mis hijos heredaran el amor por las labores del campo. La tierra cobra mucha energÃa, pero cuando uno trabaja se ven pronto los resultados. Con solo mirarla no es suficiente, hay que estar ahÃ, con las botas puestas desde el amanecer...".
Alexey no bromea cuando se trata del compromiso de producir. Mientras conversábamos descubrà con asombro que él solo se encarga de las labores de su finca y que tiene que buscar el agua para los animales todos los dÃas al rÃo, a dos kilómetros de distancia.
El productor vela por 28 reses con esmero. Le veo perderse guardarraya adentro. La suya no es una profesión fácil, pero la sobrelleva con un orgullo que contagia y despierta admiración. ¿Quién dijo que la gente joven no ha sabido reescribir, con igual tenacidad, la historia de sus raÃces?





















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