La vida parece girarle alrededor de la cooperativa y cuenta, pletórico, del sitio que es el único centro laboral que ha conocido en sus cerca de 24 años de trabajo constante. Por allí andan sus pasos desde niño y pretende que sea así, a lo largo de toda su existencia.
"Tenemos 644 hectáreas de tierra, de las cuales 463 se dedican al cultivo. Somos 62 socios, ocho mujeres y 54 hombres; por supuesto que la mayoría vinculados directamente con la producción cañera, aunque también hay cultivos varios y ganadería y nos autoabastecemos de viandas y hortalizas.
"A las mujeres tratamos siempre de darles los trabajos menos duros, aunque han demostrado no tenerles miedo a las faenas del campo. Lo mismo se dedican a los cultivos varios que a las labores de nuestra minindustria, haciendo dulce de fruta bomba o puré de tomate. Pero igual van y limpian caña, retapan en la siembra y recogen piedra detrás de un carretón de buey, si eso hace falta".
Este año estiman alrededor de 46,3 toneladas de caña por hectárea y, a pesar de que es un buen índice, no andan satisfechos, saben que han decrecido para estas fechas. Por eso, apuestan por variedades nuevas y a una mejor composición de cepas para incrementar el rendimiento.
Entienden que la zafra también se hace en el campo, con las actividades correctas a la caña, buscando variedades azucareras, que favorezcan al productor y a la industria.
"Nos están pagando la caña a 204.00 pesos la tonelada. Promediamos a seis mil 700 por cooperativista en el calendario anterior; eso es, más o menos, 14 mil 300 por cada uno, lo que supera los mil 200 pesos mensual por socio.
"En eso hay sudor de mucha gente, como del pelotón nuestro que ha sido millonario cada año. Dedicamos tiempo, sacrificio, desde las 5:45 am hasta la hora que sea necesario. La atención que se les da a los trabajadores es importante. Nosotros los ayudamos con lo que sea, el almuerzo, la comida, la merienda... Esto es una faena de todos los días".
Lo escucho hablar despacio y determinado. Entonces recorremos los campos, la escuelita y la bodega. Escuchamos las historias de las acciones que patrocinan para los pioneros y también de los dos círculos de interés que funcionan, uno de Agronomía y otro de Veterinaria, porque "si queremos que los jóvenes trabajen la tierra, tenemos que encaminarlos desde pequeños, para que amen su suelo".
Llegamos hasta el organopónico y, más allá de los sembrados de lechuga, remolacha, rábano y cebollín, que dirigen a los comedores y al autoabastecimiento, encontramos el espacio para la cría del chivo en tarima. Una iniciativa añeja que retoman, les trae buenos dividendos y ahora pretenden extender como experiencia positiva a otros productores de la geografía tunera.
"Desde el 2016 comenzamos aquí a cebar ovinos en tarima con una nave que se hizo para eso. La fórmula es separarlos del rebaño desde que comienzan el desarrollo. Ya no andan detrás de las ovejas.
"Los alimentamos con plantas proteicas como la morera, el king grass, la tithonia, la moringa, además de los residuos y la caña. Aumentan con todo eso molido, entre 180 y 200 gramos diarios. Se ceban en un período considerablemente más corto del que precisan en el potrero.
"Los recursos que hacen falta son mínimos. Apenas guano, madera, ladrillos y trabajo. Tenemos 280 ovinos, 123 reproductoras de la CPA, además de reservar para el consumo de los cooperativistas, vendemos a Ganado Menor y hacemos un plan con ellos".
La calma del campo cubano está constantemente nublada en la "Frank País" por el ajetreo y las ganas de hacer de su gente. Minutos antes del regreso, Norge Verdecia insiste: "No pueden pasar por alto que en el 2019 estaremos cumpliendo 40 años como CPA. Siempre hemos sido rentables, no hemos dejado de pensar en Majibacoa y el sustento de su gente".






















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