Papá... casi siempre el primer balbuceo de los labios pequeños. El complemento en el arropo al llanto inconsolable. La voz subida de tono en el instante exacto. Existe en él una corriente divina que alumbra la confianza, desmenuza laberintos, guarda secretos, empuja, sostiene, levanta... no importan los relieves del terreno ni la altura de los montes. Es papá... y cerca andan sus benjamines queridos.
Dedicarle el tercer domingo de junio es reconocer la ternura que esconde entre la rudeza de la piel y la fortaleza de los hombros. Compensar esfuerzos. Agradecer. Es una fecha bienvenida y dulce. Justa. Un motivo real para acercarnos a esa complicidad hermosa que palpita en sus desvelos. Padre es guía y señal. Autoridad y respeto.
Vale, pues, que este Día se prolongue eterno, dance y abra las alas... Rompa mitos absurdos y tesis mal fundada. Papá es el camino. Sangre que apellida, genera y multiplica. Pastor de familia. Huella.
No es cualquiera. Es papá. ¡Muchas felicidades!






















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