La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a este grupo étnico como Patrimonio Intangible de la Humanidad, debido a sus riquezas naturales, cultura y tradición. La línea de los garífuna está dividida en africanos y aborígenes. Así lo explicaron en el museo provincial Mayor General Vicente García González, las expertas en el tema Danna Álvarez y Wendy Martínez, moradoras de la hermosa comunidad de Ceiba, en compañía del regidor, Germán Cruz Paz.
El primer asentamiento se constituyó en Punta Gorda, Honduras. Luego se fueron distribuyendo por todo el país. La Real Academia Española aprobó la lengua garífuna como idioma. En sus raíces hay influencia europea, por parte de Inglaterra, Francia y España.
Cuentan con un regidor, esto a su vez les da el honor de que sea de procedencia garífuna. Las mujeres se destacan en varios sectores, demostrando su capacidad ante los tabúes de la sociedad de este siglo. Por medio de un decreto ley, celebran los días 12 de julio su llegada a esas tierras. La bandera comprende tres colores: amarillo, blanco y negro. El amarillo simboliza el sol, la naturaleza. El blanco, la pureza y la paz, mientras que el negro representa el color de la piel de sus habitantes.
La herencia y la idiosincrasia se la deben a San Vicente. Toda esa cultura vino en canoas hasta Honduras. Como platos típicos tienen al baili, farina, machuca, tapado y el pescado frito. Estos platos se elaboran a partir de coco, yuca, plátanos y mariscos.
Acerca del folclor garífuna nos habló Wendy. "Los bailes típicos son el yancunu, hunguhungu y el punta, este último como danza fúnebre que incluye cantos religiosos. Los ritmos son parecidos a los cubanos. Tambores que repican y dan, desde sus entrañas, un sonido crepitante. Espiritualmente, seguimos a Dios y los ancestros africanos. Yemayá, Oshún, entre otros más, han estado presentes en nuestra religión desde antaño".
Nuestra América existe, no por los minerales que posee sino por sus habitantes llenos de historia y pasión. Las comunidades aborígenes tienen gran importancia. Ellas están llenas de sudor africano y perfume francés. Fueron el sostén del continente por muchos años. Gabriel García Márquez las consideró “piedras de ríos pluviales”.






















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