Probablemente ellos piensen que el día inicia con la noche y concluye en la tarde, pues el agua, tan escasa en el municipio, inunda las calles algunas madrugadas.
La pregunta es, ¿si tan precaria está la situación con este líquido, cómo es posible derrocharlo sin mesura, o peor aún, en un horario en que todos duermen? No creo que las calles estén tan sucias, ni que el objetivo sea ayudar de buena voluntad a los barrenderos.
Muchos jobabenses dejan los grifos abiertos con la esperanza de saber cuándo llega por fin el preciado líquido, pero a tan altas horas es muy difícil que alguien esté despierto para aprovecharlo. Incluso, si la intención fuera –ex profeso- abastecer a la población en dicho horario, sería igualmente difícil encontrarle sentido a semejante medida.
Tan preocupante situación ha recibido comentarios de indignación de no pocos testigos inconformes, que han presenciado con impotencia el triste espectáculo: ver correr el agua y no ser capaces de utilizarla.
No hay que olvidar que vivimos en la provincia con la media de precipitaciones más baja del país: de acuerdo con datos publicados por Centro Meteorológico Provincial, apenas unos mil 38 milímetros de lluvia recibe Las Tunas cada año. Por si fuera poco, Jobabo es uno de los municipios con más dificultades en la distribución del agua.
El cambio climático y sus nocivos efectos pende sobre nuestras cabezas cual Espada de Damocles, de manera que las personas se preguntan qué motivo, lo suficientemente lógico, puede justificar una situación de esas a las 3:00 de la mañana. Solo si el mundo del punzante humorista argentino se hiciera realidad y el día comenzara al anochecer, veríamos a todos trabajar incesantemente, llenando los cubos para ir a dormir en cuanto salga el primer rayo de sol.


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