En 1935 el padre había desaparecido y María de las Angustias asume las riendas de la familia, se mudan a la calle del Vivac de Puerto Padre, después a la 24 de Febrero, donde instalan una bodega. Allí permanecen hasta 1943, para marchar a Santa Clara y establecerse de manera definitiva dos años más tarde en la capital. Alquilan una accesoria en la calle Virtudes, número 510, entre Esperanza y Virtudes. Mel, junto a sus hermanos, se convierte en chofer de alquiler.
Entre Chaparra y Puerto Padre, Juan Manuel vivió 11 años, más de la mitad de su vida. En la primera localidad conoció la línea férrea, escuchó los pitazos y el jadeo de las locomotoras de vapor, aspiró la brisa azucarada procedente del central. En la segunda, supo del azul del mar.
En algún momento, aprendió ajedrez y se aficionó de tal modo al juego ciencia que siempre lo traía consigo, para sumergirse en un mundo de estrategias y combates imaginarios. En el auto que lo llevó a la inmortalidad, ocuparon las piezas de ese entretenimiento.
Su inquietud revolucionaria crece en el ámbito familiar por el influjo de los hermanos mayores. La fundación del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), por Eduardo R. Chibás, marca el inicio de su filiación al lado de los pobres. Allí convergieron muchos de los futuros asaltantes a la segunda fortaleza militar del país.
Al Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana acudió a realizar prácticas. Los ejercicios incluían lanzamientos de granadas, desplazamientos a rastras y arme y desarme de los diversos fusiles. Todo en seco, ya que no podían realizarse disparos reales. Esta imposibilidad los llevó a desarrollar un mayor adiestramiento en fincas cercanas, para así contrarrestar la superioridad del enemigo.
El 25 de julio sale del parque de La Fraternidad al timón del Chevrolet 280-053, acompañado por los miembros de su célula y al anochecer llega al punto indicado. Había cumplido la primera parte de la misión. Llevaba el dinero para la travesía y conocía el lugar de destino en la capital oriental.
En el amanecer del domingo 26 de Julio de 1953, Fidel dijo: "Vamos a atacar el cuartel Moncada. Será un ataque por sorpresa. No debe durar más de 10 minutos", y a continuación dio a conocer el plan. Se canta el Himno Nacional y Raúl Gómez García declama su poema "Ya estamos en combate".
El segundo auto que parte de la granjita Siboney lo conduce Juan Manuel rumbo al hospital civil Saturnino Lora, ya que por su área trasera colindaba con el sitio escogido para el asalto. En ello residía su importancia estratégica.
Abel Santamaría, el jefe de esa fase de la operación, bajó de su carro seguido por Mel y el resto de los combatientes, dirigiéndose al soldado que custodiaba la entrada, a quien desarmó en rápida maniobra. Situó a dos hombres en el vestíbulo y a los demás en las ventanas del primer piso, que daban al patio trasero y al club. Momentos después estalló el tiroteo y sonó la alarma del campamento, distante unos 150 metros. En este lugar, el jovencito tunero entró en combate.
Por tres horas se enfrentan al enemigo y sobre ellos se concentra el ataque del ejército en la última etapa de la acción, hasta que agotado el parque deciden vestirse con las ropas de los enfermos.
A las 8:30 de la mañana es detenido y llevado al cuartel. A las 10:00 lo conducen a la caballeriza situada en Martí y Carretera Central y allí es asesinado.
En la Sierra Maestra una escuadra rebelde, que pronto pasó a ser pelotón, se llamó Juan Manuel Ameijeiras; en el Segundo Frente Oriental denominaron igual una compañía; después, una columna de 500 hombres llevó su nombre a la victoria final. En Bayate, donde radicó la Comandancia de la Columna 6, entre el verdor de la fronda y la majestuosidad de las lomas, una valla muestra su efigie. El museo, una secundaria básica en "Jesús Menéndez" y un politécnico en "Amancio" se honran en llamarse como él.
En Chaparra, Puerto Padre, Las Tunas y La Habana, escuelas y centros laborales, un aeropuerto y un estadio deportivo perpetúan su memoria de la misma manera. En toda Cuba miles de jóvenes trabajan, estudian, defienden la Patria y brindan ayuda a otros pueblos, llevan la salud y la educación a cualquier parte del mundo. Cuánto se ha multiplicado Juan Manuel. Un muchacho de la Generación del Centenario, el único tunero caído en el Moncada.


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