Domingo, 14 Mayo 2017 05:17

Solo el amor...

Escrito por Yanet Lago Lemus
Solo el amor... De la autora

A Cruz Marina Nápoles le dicen la "súper abuela" porque a sus 81 años tiene una destreza física sorprendente. Es presidenta del círculo de abuelos Mariana Grajales, de Colombia y para sacarlo adelante en la emulación lo mismo baila, canta, corre en una maratón o hace maldades. A Cruz se le conoce por muchas cualidades buenas, pero la mayor de todas es el amor incondicional que le profesa a su "pequeña" Ani.

Anabel es el fruto gozoso de una historia de crecimiento humano y consagración. Nació con la condición de retraso mental en 1960, cuando la medicina y los recursos educacionales aun no germinaban por estos contornos y obtuvo a retazos la formación y los valores que hoy muestra a los 56 años.
Un nudo le ahoga las palabras cuando intenta recordar ese día gris en el que un médico le dijo que su niña sería "diferente". Solo pocas escuelas especiales existían en el país para becarios y Cruz no supo nunca separarse de Ani, así, decidió emprender por su cuenta la educación de su hija.
"Hubo una maestra de primaria llamada Ana Vidalia del Sol, a quien le debo mucho. Ella mandó a hacer un pupitre para mi niña y dejaba que yo la llevara a clases, allí me quedaba toda la mañana sentada con ella para que aprendiera mirando a los otros niños".
"Desde chiquita siempre estuvo conmigo. Nos íbamos a hacer campismo con el Cirulo de abuelos y me la llevaba, correteaba, era intranquila pero todo el mundo me ayudaba con ella". Y fue esa vinculación al grupo de abuelos la que le dio una familia grande a Ani.
Miriam Figueredo, una de las integrantes asegura: "Aquí entre nosotros Ani se ha desarrollado mucho, antes no tenía los movimientos motores de una persona sana y ahora camina con más destreza, participa e incluso se ríe cuando sueltan algún chiste jocoso. El círculo le ha ayudado mucho, y también el contar con una madre ejemplar".
Cuenta su mamá que en el hogar es muy organizada: "No tolera que cojan su toalla o desorganicen su armario, no toca nada sin permiso y en el barrio es muy querida".
Hace varios años, en la esquina de una habitación tiene conformado un mundo de fantasía, con más de 70 muñecas -regalo de amistades y vecinos- y artículos de juguete, algunos elaborados por ella.
"Todo el que entra al cuarto de los juguetes se asombra, esta decorado por ella. Le pone a cada muñeca el nombre de quien se la regala y nunca se le olvida". Sentada en un butacón de madera está una muñeca muy querida, es de trapo y poco más grande que el dedo índice, "la cosió su abuelita antes de partir a otro mundo", dice Cruz y le pasa la mano por la cabellera donde apenas asoman unas pocas canas.
Cruz tiene muchos anhelos de madre: saber sana y feliz a su hija, que la vida le permita muchos años más de salud para cuidarla...que esta historia se conozca y corra de boca en boca la existencia de una niña grande que tiene un cuarto de muñecas, que fue crida con todo el amor que no cabe en el pecho de una madre. Ani, es todavía, el mayor regalo que le hizo la vida.

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