La segunda regurgita la comida para alimentar a sus pequeños, y al pasar 30 días, los bebés cargan en las mandíbulas el suficiente veneno como para matarla. Ella lo sabe, aun así, va al cadalso, y se deja comer por ellos. Es la única manera de salvarlos.
Araña negra u osa polar. Cualquier camino nos lleva al mismo templo. Qué importa el desafío si la cumbre es el bien de los hijos.
A ti, mamá, te escribo. Para agradecer las veces que hiciste de tripas corazón y seguiste conmigo en brazos, acompañada o no. Para ofrecer disculpa por aquella perreta en plena guagua, por las llamadas nada buenas de la escuela, por haber crecido y considerar que me lo merezco todo.
Van estas líneas también para las tías llamadas madre; para las abuelas que no pueden ser solo mimos, porque les ha tocado volver a empezar, pero ahora con el nieto; para las mujeres que se han imaginado mil veces con el vientre inflado de esperanza, desde la sala de espera de la consulta de Infertilidad. Su persistencia delata la fibra materna.
Sencillas, cotidianas, como la propia existencia, son tus historias. Hablan de pequeños y grandes sacrificios, aunque aparentemente no lo hagan. Claro, tú nunca llamarás sacrificio a educar, formar, vestir, amar... Ruego me disculpes.
Tampoco te sientes lo que eres, vedette, estrella digna de cualquier salón de la fama. Un salón llamado vida y que funciona las 24 horas, sin días feriados.
Gracias por tu bendita fuerza, que solo puede traducirse en algo llamado poesía.






















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