Rosa América Brito Bosch empezó a ser madre desde mucho antes que le confirmaran embarazo alguno. Allí, entre sus manos cuajadas de fango, supo lo que era sembrar una semilla, cuidarla, verla crecer y luego recoger los frutos. ¿Acaso no se parece eso a tener un hijo?
A sus 63 años es una productora de amplia experiencia hasta en la dirigencia de la ANAP. Conversa y parece que se sabe cada secreto del campo, los mismos que intenta transmitir a la familia, regazo en el que alegra la aún activa presencia de su mamá de 91 primaveras.
"Mi hija es licenciada en Derecho, insistí en que estudiara, mas sabe hacer todo como yo, atender los sembradíos, los animales... Me dolió mucho que se me fuera de aquí, esa es una herida que sigue abierta, pero ella dice que volverá conmigo", narra algo nostálgica.
Ahora las lecciones las reciben los nietos, una joven de Universidad y el varón que está en la Secundaria. "El niño me ayuda a trasplantar el tomate y el ají. Le inculco el amor por la tierra, cómo no quererla si ella lo da todo. Yo, la verdad, amo cada pedacito de mi potrero. Quisiera poder hacer más, pero la seca nos golpea duro. Ahora nos llovió, es buena señal".
No solo el apego por el suelo ostenta en su pecho Rosa América y los suyos, también late la vocación de servir al otro. Y por eso diferentes movimientos como la entrega de leche, hortaliza y mango los vieron sobresalir. Todo comercializado por medio de Acopio para asegurar el destino.
Por estos días han preferido sembrar frijol caupí, de rápida cosecha, para ayudar a la alimentación del territorio. Con ellos siempre se puede contar, y no extraña que Rosa América sea presidenta del CDR, aliada número uno del delegado y de cuanto buen plan se cocine en beneficio de la comunidad.
"Me siento realizada como madre y con la tierra. Tengo a mamá, dos nietos, mi hija y el yerno que lo amo mucho. No soy una mala suegra, pienso que él me quiere", se despide entre bromas.






















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