El certamen, organizado dos veces al año por el movimiento campesino de Las Tunas, incentiva la producción de un alimento constantemente reclamado por la población.
La sequía, cuenta Yunier, los privó de su fuente habitual de agua: la presa Juan Sáez. Así que los pozos equipados con turbinas artesanales han sido la salvación de sus 142 asociados.
Año y medio atrás, cuando asumió las riendas de la CCS, sus finanzas estaban en números rojos con una deuda por encima de los 200 mil pesos. “Ya casi la liquidamos completa. Eso ha sido por el trabajo de todos, sin pensar en el descanso”, dice.
En esta novena edición el Festival incrementó su calidad, pues los cooperativistas de la provincia en pleno trajeron superiores muestras. Si la “Noel Turruelles” alcanzó seis de los nueve galardones otorgados a los diferentes clones de plátano, tanto en la variedad de vianda, como de fruta, no fue casualidad. “Seleccionamos con antelación a los mejores productores y áreas”, explica este joven de 32 años.
Aunque a muchos de sus colegas les parezca obvio, él insiste en un ingrediente crucial que además del agua le resulta imprescindible al plátano: la materia orgánica. “Es importantísima”, subraya. Y para demostrarlo mientras toca un precioso racimo de los laureados, afirma: “Este que ves aquí lo obtuvimos en zona de secano, pero nunca le faltó el humus de lombriz. El plátano, concluye, es muy demandado por el pueblo y no podemos dejar de cultivarlo”.






















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