Tanto el 13 y el 23 de Agosto, como el 26 de Julio, son fechas que superan las convocatorias formales. Unieron más que las ideas, en medio de una tarde en la que el Sol se aferró al día y cualquiera apostaba que no iba a darle paso a la noche.
Cebolla, ají, ajo, calabaza, plátano, boniato, carne de cerdo, de pollo y costillas de res llenaron el caldero y "venían" de los apartamentos. O mejor, de esta gente sencilla y decidida a celebrar sus conquistas eternas y cotidianas. La tradicional caldosa tunera empezó a darle olor y calor al homenaje.
Enrique Matamoros Pérez, presidente del Comité, asegura que "es la mejor manera de demostrar que estamos con los mismos bríos de siempre. Estos meses están cargados de historia para nosotros y aprovechamos para compartir las glorias de la Revolución y también veranear en familia, porque el barrio es la verdadera familia social".
Eugenio mueve el caldo y Julia monta la sencilla mesa cubana, en tanto María de los Ángeles reparte los papelitos de la rifa que es la sorpresa de la fiesta. Un encuentro sencillo, en el cual no falta el entusiasmo por cumplir las metas de las dos organizaciones de masas que marcaron la fortaleza de un proceso irreversible de justicia y oportunidades para los cubanos.
Testimonios vivos de cómo cambiaron sus destinos después de la alborada de enero de 1959. Estudiaron, trabajan, los hijos no supieron jamás de la oscuridad del monte ni de los cortes de caña por un bono para comprar comida en la tienda del colono... Las anécdotas y los agradecimientos se abrazan.
CDR y FMC juntos, un 26 de Julio que es presente continuo y la alegría de estar y ser se multiplican. Son pocos... ¿y quién se atreve a dudar de que suman millones de millones por doquier? Esta vez la grandeza no estuvo en los números. Es el barrio y esta gente con sus vidas y la historia en la brevedad del milagro de sentir en julio como en agosto. Los aplausos suenan y la música los baña.






















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