Conoce cual la palma de su mano la trilladera de café, como los secretos de los montes de su natal San Germán, en Holguín. En el 8 de Marzo, las memorias de los tiempos en que apenas sabían leer y escribir las campesinas, son recuerdos permanentes que no la dejan desmayar en la vejez.
"Empatábamos los días y las noches, que nos alfabetizáramos era una meta especial de la Federación de Mujeres Cubanas -dice-, y fue como ver salir una matica de la tierra; empezamos a vivir".
Y las manos se mueven en señal de alegría por ver que esta importante fecha es para recordar sueños y abrir caminos de esperanzas, mientras en el resto del mundo crecen las huelgas y las demandas por los derechos femeninos.
"Trabajé mucho y sigo trabajando hasta donde la salud me dé. Por 13 años fui jefa de un bloque de la FMC con 10 delegaciones. Estoy orgullosa de haber conocido a Vilma Espín.
"Las tuneras nos crecemos, y es muy difícil hablar de una celebración de este tipo sin vincularla a nuestra organización. Le debemos cuanto somos las cubanas, y especialmente, a nuestro inolvidable Fidel", enfatiza.
Cira es así, fuerte y dulce, convencida de que las mujeres no nacieron para darse mecidas en un sillón de mimbre, aun cuando sus serias dolencias le ralenticen el paso, se moleste mucho por injusticias cotidianas y el cansancio le pese demasiado, sobre todo, cuando las tardes se hacen muy largas sin su querido compañero de vida, ideas y amores sin olvido.


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