"A veces he sentido temores, porque es una profesión muy peligrosa, en la que no puedes dejarte prender por las rutinas. Hay que estar siempre atento, vigilante, ser muy prudente."
Me hizo la confesión después de recibir la Distinción Ñico López, que honra la memoria de ese revolucionario y premia a hombres con 25 años y a mujeres con 20 de labor ininterrumpida y con resultados satisfactorios en el sector eléctrico.
Luis Salvador, luego de 31 calendarios de faena, estuvo entre los 41 tuneros que obtuvieron el agasajo en acto solemne celebrado en el memorial Vicente García, en la ciudad capital.
En la conversación es fácil advertir que ni los años vividos -54-, ni los trabajados, ni la rudeza y los peligros de su puesto -liniero eléctrico- han mutilado su capacidad de emocionarse, ni la disposición de seguir "echando pa´lante", como me dijo.
Ya convertido en un veterano, pero "dispuesto para lo que sea", según su propia expresión, anda en esos emocionantes y gratificantes trajines desde muy temprano en la mañana y hasta en las noches, "si algún cliente requiere nuestros servicios", acuña.
Él considera un gran honor que le hayan entregado la Distinción, precisamente, el 15 de marzo, día que coincidió con el aniversario 140 de la Protesta de Baraguá.
No es de muchas palabras. Eso sí, sabe ubicarlas con meridiana claridad en su contexto: "Es que nuestro Baraguá hoy está en los lugares de trabajo, donde nos desempeñamos inspirados en el pensamiento y la acción de Antonio Maceo, Vicente García y de todos los héroes y mártires de la Patria, quienes nos legaron fe en la victoria e intransigencia revolucionaria".
Luis Salvador devela su sentido de pertenencia: "Para mí es todo ser trabajador de la Empresa Eléctrica. Estoy aquí desde los 23 años y ya ando por los 54. Mira las canas que peino, pero todavía me siento bien, fuerte y dispuesto a cumplir cualquier tarea que me asignen. Aquí sigo y si volviera a empezar haría lo mismo".
En su hoja de servicios sobresalen el desafío a los peligros cotidianos que engendra la profesión y los cuidados que da al resto de sus compañeros, pues "ser jefe de brigada constituye un serio compromiso con los demás, velar por el cumplimiento de las medidas de seguridad y protección, estar al tanto de cada detalle".
Con la misma voluntad demostrada ante los daños causados por huracanes en varias provincias del país, durante dos años (2010-2012) cumplió misión en Venezuela, "allí, alrededor de 32 cubanos de distintos territorios, tiramos una línea eléctrica de alto voltaje de 120 kilómetros de extensión, desde el estado Mérida hasta la presa Táchira, a través de la cordillera de Los Andes; un trabajo muy duro, muy riesgoso. Lo acometimos y cumplimos", recuerda jubiloso.
Su sentido innato de salvaguardia -no ha sufrido nunca accidente laboral- ante los peligros, ostenta un estímulo perenne que lo refuerza: "Tengo una familia pequeña, pero muy unida, bastante responsable. Todos los días, cuando salgo para la empresa me despiden con un 'cuídate mucho', porque esta labor es de riesgos, muy peligrosa".






















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