La batalla épica entre los progenitores comienza desde que el niño pronuncia su primera palabra que casi siempre es mamá o papá. Luego empieza a crecer y escucha frases por ahà como "Padre es cualquiera y madre es una sola" o ve escenas como la que acabo de contar.
Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad patriarcal con mucha carga de machismo en el imaginario popular. Si confeccionáramos una lista de palabras con las que se asocian a mamá, seguro estarÃan: flor, cocina, ternura, delicadeza... Sin embargo, para papá serÃan: deportes, herramientas, fortaleza, valentÃa... El DÃa de los Padres obsequiamos, regularmente, billeteras, pañuelos, llaveros, perfumes, calzoncillos, medias... ¿Y por qué no regalarle una postal? ¿O una flor?
"Las campañas por el DÃa de las Madres siempre son mayores que las del DÃa de los Padres -me explica Douglas Leyva López, director general de la Empresa Provincial de Correos-. Esto se debe a que las ventas también son superiores. Las personas no compran tantas postales para ellos. Es un problema muy arraigado en nuestra sociedad".
Igualmente ocurre con el DÃa Internacional del Hombre, el 19 de Noviembre. Casi todos desconocen esta fecha. Sin embargo, ¿quién no sabe que el 8 de Marzo es el DÃa de la Mujer?
El padre es el primer amigo de su hijo y el primer amor de su hija, el prÃncipe encantado que los salva de dragones y hechizos, el campeón de sus hazañas, el héroe de todos los sueños. Porque cuando somos niños, papá lo sabe todo, él es Superman al que corremos si tenemos miedo en las noches o el gurú al que preguntamos de dónde le viene el agua al coco.
Padre no es cualquiera, claro que no. Padre también es uno solo, porque él te enseñó a montar bicicleta y te advirtió de los tropiezos de la vida; porque su espalda sudada nunca dolÃa si era para montarte a caballito.
¡Y cuánta dulzura no cabe en una postal! No se trata del peso que te gastaste ni del mensaje que haya en ella, sino del simple hecho de querer premiar su esfuerzo, de haber recordado a ese amigo de tu infancia y decirle entre garabatos, que lo quieres. Eso es más gratificante que la mejor de las billeteras.
Cuando seamos capaces de no clasificar a mamá y a papá, no dividirlos en banales estereotipos, nos convertiremos en una sociedad más justa y educaremos a nuestros niños con armonÃa y amor, sin ridÃculas discusiones de quién es el favorito. Disfrutemos en familia este tercer domingo de junio, entreguémosle una postal, un beso y la mejor de las sonrisas a nuestros padres, abuelos y amigos.
Al final, él es lo que siempre quisimos ser y lo amamos con locura desde que se asomó, intranquilo, por la ventanilla del hospital, solo para ver nuestro primer parpadeo.





















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