Martes, 30 Mayo 2017 14:29

Por el bien de todos

Escrito por Yuset Puig Pupo

Mi hombrecito suele convertir el camino a su Circulo Infantil en una travesía mágica. Repara en todos los detalles ante sus ojos por insignificantes que sean. Hace un par de días, en su afán de encontrar cosas, nos acercamos demasiado a una portada, de repente se abrió el picaporte y una escoba amenazó con llenarnos las piernas de un líquido maloliente...

La señora enseguida nos pidió disculpas mientras barría hacia el exterior la caca de su perro que ladraba discretamente como si reconociera la culpa. Fue entonces cuando me percaté de que aquella no era la única escoba que echaba hacia la acera desechos, y heces de animales.
Por impensado que resulte muchas personas se han hecho el hábito de sacar bien temprano las suciedades de su patio y dejarlas en el espacio público, sin reparar en el hedor y lo desagradable que resulta iniciar el día con un "regalito" bajo la planta del zapato.
En los callejones el panorama es mucho peor. Ahí sí se vierte sin reparo por aquello de que no hay acera ni asfalto. Y el resultado es que hay que pasar con la nariz apretada y los ojos muy fijos en el camino.
Hay familias que tienen perros o gatos y los sacan a pasear a las calles, áreas deportivas, playas u otros espacios públicos porque sus hijos disfrutan del juego con las mascotas o viven en edificios donde no pueden realizarse estas actividades.
En muchas ocasiones es para que el animal también haga sus necesidades fisiológicas fuera de casa. Y eso está bien, pero es necesario que dueño cargue con una jabita de nylon para recoger los excrementos o busque un lugar alejado, un vertedero, de otra manera estaría irrespetando a todas las personas que comparten el medio.
Los animales son amigos fieles, compañía, incluso familia. El hecho de tenerlos en nuestra vida a veces llena vacíos impensables. Aun así se requiere de mucha responsabilidad para mantener la higiene, el resto de la gente no debe sufrir las consecuencias del facilismo de otros.
Lamentablemente abundan quienes tienen sus casas y patios impecables, pero no les importa lo que sucede a puertas afuera. Vivir en las ciudades implica un determinado comportamiento social, exige cumplir con normas de civilidad, y los pobladores deben asumir su adaptación como un deber.
Muchas veces nos quejamos de los baches en la calle, de falta de luminarias y recursos del Estado para hacer más llevadera la vida. Pero hay cuestiones básicas, como la higiene, que dependen del desempeño de cada núcleo familiar, y también son imprescindibles para que nuestros días transcurran, al menos, en los marcos de lo tolerable.

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