Alguna paloma voló por el poeta este jueves. En la mesa de El Café Brasileño, en ese Montevideo donde lo recuerdan y extrañan, dos años después de su partida la muerte no existe. América Latina sigue con sus venas abiertas y Eduardo Galeano no nació para morir. En cada golpe de su pluma vive la esperanza que buscan los desaventurados de este mundo.

Publicado en Opinión