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rita longa

Las Tunas.- La reapertura de la escuela pedagógica Rita Longa, en septiembre del pasado año, marcó un momento de gran satisfacción para la comunidad educativa. Tras 15 años de cierre, la institución volvió a abrir sus puertas con el compromiso de continuar formando a las nuevas generaciones de maestros.

Gerardo Cruz Leyva, director de este centro escolar, recuerda con orgullo que, en 12 graduaciones, han egresado ya tres mil 100 pedagogos que han contribuido a la cobertura educativa del territorio. Para él, el reto permanente es garantizar un perfil de egresado sólido, que refleje los valores fundamentales de la sociedad cubana actual. Estos principios, junto con el dominio de los contenidos generales y especializados, constituyen la base de la formación pedagógica que distingue a la escuela.

Gerardo Cruz Leyva director“La institución se esfuerza en que sus estudiantes culminen con una correcta escritura, una lectura fluida y coherente, la disciplina necesaria para escuchar y expresarse con claridad. Nuestros egresados deben ser un modelo ético, acorde con las tradiciones de la pedagogía cubana y universal”.

Este curso, señala, se prevé graduar a 158 estudiantes, todos vinculados ya a la práctica laboral en instituciones educativas, acompañados por el rigor y la exigencia que caracterizan a la escuela. Con 148 trabajadores docentes y 56 de apoyo, la institución se reafirma como un centro emblemático y de prestigio.

La vocación por la enseñanza suele nacer del convencimiento de que la educación es el camino para transformar la sociedad. En ese contexto institucional se inserta la experiencia de Marco Alejandro Flores González, estudiante de cuarto año de la especialidad de Español y Literatura, quien comparte cómo ha vivido este proceso de formación.Marco Alejandro estudianteJPG

Desde el primer año, la institución ofrece un conjunto de herramientas que permiten a los estudiantes acercarse al ejercicio docente con bases sólidas. Marco recuerda que además de la preparación teórica, se les brinda la oportunidad de realizar prácticas desde el inicio, lo que facilita la inserción en la vida laboral y el contacto temprano con la realidad del aula.

“Con el paso de los años, las prácticas se intensifican y en el cuarto año se convierten en un ejercicio concentrado que exige aplicar lo aprendido en situaciones reales. Ha sido algo excepcional porque hemos podido conocer más de cerca el sentir de nuestros estudiantes y fortalecer el vínculo entre teoría y práctica, que es esencial para nuestra correcta formación”.

El joven reconoce que enfrentarse a un grupo de estudiantes implica retos, pero también aprendizajes que marcan su vocación. “Uno se da cuenta de que cada alumno tiene una manera distinta de aprender, y ahí está el desafío, encontrar cómo llegar a todos, cómo motivarlos, cómo hacer que disfruten el conocimiento.

“No solo nos formamos como profesores, también como personas. Aprendemos a escuchar, a comprender y a ser pacientes. La educación nos transforma tanto como nosotros aspiramos a transformar a los demás”.

Su experiencia en la escuela pedagógica le ha permitido confirmar que la enseñanza es un compromiso con el futuro. “Cada día en el aula es una oportunidad para sembrar valores, para despertar curiosidad y para acompañar a los estudiantes en su propio camino. Eso es lo que me motiva y lo que me hace sentir que elegí la profesión correcta”.