
Las Tunas.- En los márgenes de los grandes discursos sobre desarrollo local, casi siempre se gestan las experiencias más auténticas. No suelen ocupar titulares nacionales ni aparecer en estadísticas rimbombantes, pero transforman realidades concretas, cotidianas, palpables. Así ocurre con el proyecto Empoderamiento Femenino y Juvenil, desde la Dinamización Sociocultural y Productiva, para el Desarrollo Local en el Municipio de Majibacoa; que ha ido creciendo con la paciencia del que siembra a largo plazo y la convicción del que cree en la gente.
No se trata de una sola iniciativa, sino de un entramado de voluntades que confluyen en dos microproyectos con identidades propias, pero con un mismo propósito social. Se trata de la minindustria Los Almendros y la casa de referencia comunitaria Manojo de Sueño. El primero, enfocado en la producción y la cultura nutricional; el segundo, en la inclusión, la creación y la ternura como forma de resistencia.
“Uno es de corte económico y el otro medioambiental y comunitario, pero ambos se sostienen desde el empoderamiento femenino y juvenil”, dice Yurima Álvarez Rondón, al frente de la Dirección de Desarrollo Municipal en la localidad y coordinadora del proyecto.
MÁS QUE PRODUCIR ALIMENTOS: FORMAR CONCIENCIA
Hablar de la minindustria Los Almendros no es limitarse a la idea clásica de producir y vender. Aquí la producción es apenas el punto de partida. La verdadera apuesta está en la educación alimentaria, en sembrar conocimientos que permanezcan, incluso, cuando el producto ya se ha consumido.
“Además del proceso de producción, capacitamos, preparamos a las personas sobre la buena alimentación, sobre la cultura nutricional”, aclara la entrevistada con énfasis”.
Esa vocación pedagógica se expresa en múltiples acciones: desde la entrega de folletos y plegables en los puntos de venta hasta visitas sistemáticas a centros priorizados como hogares maternos, casas de abuelos, hogares de ancianos y sistemas de atención a la familia. Allí no solo se explica qué se oferta, sino qué aporta ese alimento al organismo, por qué es importante y cómo incorporarlo de manera consciente a la dieta diaria.
Un detalle no menor es que buena parte de este trabajo descansa en mujeres jóvenes, formadas para vender, pero también para comunicar. “Las muchachas que hoy están al frente de los puntos de venta se capacitan para que, además de comercializar, puedan transmitir conocimientos a toda persona que pase por allí”, comenta Álvarez Rondón.
LOGROS QUE NO CABEN EN UN INFORME
Cuando se pregunta por los resultados alcanzados, la respuesta se aleja de los números fríos. Hay reconocimientos institucionales, sí, como el que valida el empoderamiento social y juvenil a nivel municipal, pero también existen conquistas menos visibles y mucho más profundas.
Uno de esos logros ha sido la creación de un grupo de comunicación, concebido inicialmente para acompañar la minindustria, pero que terminó ampliando su radio de acción. “Este grupo no solo divulga lo que hacemos aquí, sino otros proyectos del municipio, informaciones relevantes, convocatorias. Ha sido un logro colectivo”, afirma la directiva.
A ello se suman las donaciones solidarias realizadas a instituciones de Salud y atención social: hogares de ancianos, maternos y el policlínico 7 de Noviembre. Gestos que confirman que el desarrollo local no se mide únicamente en ingresos, sino en capacidad de compartir.
No obstante, el camino no ha estado exento de obstáculos. La infraestructura de la minindustria, especialmente en lo relacionado con la electricidad y los procesos de soldadura, ha sido uno de los retos más complejos. “Es una deuda pendiente, pero también un reto de este año: terminarla para que pueda responder al ciento por ciento de las producciones que esperamos”, reconoce la coordinadora con realismo.

MANOJO DE SUEÑOS: DONDE LA INCLUSIÓN SE TEJE A MANO
Manojo de Sueños se ocupa del alma. Este empeño comunitario abre sus puertas a mujeres adultas con habilidades creativas en el tejido, la artesanía, las manualidades y a niños, niñas y jóvenes con capacidades especiales, en un municipio donde los espacios inclusivos siguen siendo escasos.
“Aquí la inclusión no es un concepto abstracto. Se materializa en talleres colectivos, mesas compartidas, ideas que circulan de mano en mano para que tengan un regazo donde desarrollarse, compartir y sentirse parte. Se aprende a tejer, pero también a cultivar plantas medicinales y alimentos básicos como tomates y lechugas, integrando producción, autoconsumo y aprendizaje”, expresa Yosel González Ferrer, activista principal de este proyecto.
La autogestión es una de las claves. Las expoventas y ferias, tanto en el mercado sabatino como en otros sitios, permiten que las mujeres obtengan ingresos, mientras una parte se destina a un fondo común. Ese fondo sostiene la compra materiales y, llegado el momento, apoya situaciones de enfermedad o urgencia de algún integrante.
Entre las historias que más conmueven está la de una joven de 23 años con discapacidad intelectual, considerada “una de las niñas” de la iniciativa por el cariño que despierta. Teje, canta y participa activamente. Su madre, también creadora, es una de las figuras más dinámicas del grupo. “Ella es como la capitana”, cuenta entre risas González Ferrer. “Aporta ideas, diseña, impulsa”.
Madre e hija simbolizan el espíritu de Manojo de Sueños, un espacio donde nadie sobra y donde el talento encuentra caminos posibles, incluso en medio de las limitaciones.
UNA ESTRATEGIA QUE SE CONSTRUYÓ PASO A PASO
Detrás de estos proyectos hay una historia institucional que también merece contarse. La estrategia de desarrollo local del municipio no nació de un día para otro. Comenzó con una sola especialista, sin una dirección formal, y fue creciendo hasta consolidar una estructura de trabajo reconocida.
“Con el tiempo se creó el grupo, la oficina, y hoy existe una dirección que integra gestión documental y actores económicos”, recuerda Yosel.
Uno de los hitos más relevantes ha sido el proceso de descentralización, que permite al municipio aprobar sus propios proyectos. “Somos el segundo municipio de la provincia que logra este nivel de aprobación”, señala con orgullo.
El acompañamiento metodológico ha sido clave. La articulación con instituciones como el Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria (Cieric) y el apoyo de la cooperación internacional, en especial de la agencia alemana Pan para el Mundo, han facilitado mobiliario, insumos, capacitaciones y una visión más flexible de lo que significa gestionar proyectos.
“Nos ayudaron a entender que la guía para hacer proyectos no es rígida, que se puede adaptar, que vale la pena”, remarca por su parte la líder de la Dirección de Desarrollo Municipal.
Hoy, además de gestionar proyectos, la agencia funciona como un espacio de aprendizaje: capacitaciones constantes, una pequeña biblioteca, un lugar donde buscar información y pensar el desarrollo desde lo colectivo.

LECCIONES QUE DEJA EL CAMINO
Al cerrar esta conversación, queda una certeza: el desarrollo local no se decreta, se construye: escuchando, capacitando, incluyendo, equivocándose y volviendo a intentar. Se construye cuando una minindustria enseña a alimentarse mejor y cuando una casa comunitaria enseña a soñar sin pedir permiso.
Proyectos como Los Almendros y Manojo de Sueños demuestran que, incluso en contextos difíciles, es posible generar impactos reales si se coloca a las personas en el centro. No como beneficiarias pasivas, sino como protagonistas de su propia transformación.
Como diría uno de los entrevistados, casi al despedirse, con la naturalidad de quien no pretende hacer historia, pero la está escribiendo: “Esto es para el proyecto… y para lo que se necesite”.