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• A propósito del Día de los Optometristas y Ópticos de Cuba, 26 se acerca a una de sus protagonistas en suelo tunero

Guarda en algún lugar impreciso de la memoria sus años de niña y las visitas periódicas al hospital en la provincia de Holguín. Poco entendía en ese entonces que había heredado de su padre un estrabismo que intentaban corregir, pero lo que aún tiene muy vívido es el ajetreo de los largos viajes; algunos, incluso, con las pupilas dilatadas para asegurar el éxito de los exámenes.

Fue cosa de la suerte o del destino que Mislenis Morales Sao reine hoy en una de las consultas que tanto la inquietaron de pequeña. Pero su historia no está solo marcada por los azares y sí por una voluntad que la define dentro del centro oftalmológico del hospital general Ernesto Guevara y fuera de él.

“En el 2006 comencé mis estudios aquí, en el Politécnico de la Salud. Desde niña siempre mi hermana y yo usábamos muchas batas blancas; queríamos ser doctoras, enfermeras, trabajar en Salud... y casi se me escapa el sueño. Me casé muy joven, demasiado, pero nunca dejé de estudiar.

“Con mucho más esfuerzo que otra adolescente matriculé en el preuniversitario y alcancé mi título de duodécimo grado en la Facultad Obrera Campesina. Lo normal es que perdiera el interés y me enfocara en las labores domésticas, pero no me lo permití. Estudié por la noche en la escuela Jesús Argüelles, que quedaba cerca de la casa de mi abuela.

”Todos los días yo sentía que quería hacer más con mi vida, que necesitaba otra oportunidad, y un día llegó. En el 2005 el comandante Fidel Castro se pronunció públicamente, preocupado por la juventud cubana, y quiso recuperar a aquellos que estaban desvinculados en sus casas. Yo fui una de esas, y lo digo con orgullo.

”No fue sencillo. Llegado el momento hay una inercia que conspira contra nosotras mismas. Tenía 32 años, mi última oportunidad de entrar a la Universidad, y tomé la carrera de Optometría con toda la convicción de que yo estaba destinada para eso, y no estaba equivocada”.

La mañana se llena de anécdotas de años idos. La licenciada rememora su salón de estudios con muchachos jóvenes donde enseguida fue cariñosamente reconocida como “la vieja”. Pero de allí salió graduada con título de oro y unas ansias inmensas de aprovechar su otro chance.

DEL OFICIO A LA PASIÓN

hospital1La licenciada Mislenis hoy se desempeña en la consulta de glaucoma, y a la par está al frente del equipo de Optometría y Óptica, una responsabilidad que lleva con la satisfacción de contar “con un grupo excelente de profesionales comprometidos, que sienten por los pacientes y se sensibilizan con cada caso”.

Desde el 2007, año en que se inauguró el Centro Oftalmológico, ha estado vinculada al quehacer tunero, un esfuerzo que facilitó la vida de muchas familias como la suya, que antes debían acudir a otras provincias para tratar los problemas visuales.

Dos misiones internacionalistas en la República Bolivariana de Venezuela también conforman una trayectoria que sus compañeros valoran por la entrega diaria al servicio. “Allí aprendimos y tuvimos ese acercamiento al paciente con el mismo amor con que atendemos a los pacientes de Cuba, porque nunca hemos fallado en eso.

”Todos los días cruzan las puertas decenas de personas que llegan preocupadas, asustadas, marcadas por diferentes patologías. Nos toca recibirlos con paciencia, delicadeza y sensibilidad. Más en estos momentos complejos donde la vida saca y fortalece las tensiones.

”De aquí salen con una ruta por seguir, ese es nuestro reto más grande. Ellos nos recuerdan, muy agradecidos por el amor, la calma. No puede haber prisas, ni maltratos ni respuestas a medias. Son pacientes marcados. Algunos ya perdieron la visión de un ojo.

”Y entonces hay que dedicarle mucho tiempo a ese otro ojo, se ponen muy nerviosos. Depende de nosotros su tranquilidad; tenemos que hablarles mucho, porque la nuestra es la primera cara que ven antes de llegar al doctor, que es quien les da una explicación total y general de su afección. Primero pasan por nosotros”.

HUELLAS EN EL CAMINO Y RETOS DIARIOS

“Amo trabajar con los niños también porque sé lo que yo pasé. Pocas cosas me resultan tan gratificantes como poder ayudarlos. Anteriormente estuve a cargo de la consulta de lentes de contacto y me dejó una huella eterna. Ahora mismo el país no está en condiciones de ofrecer este servicio, que es muy caro, pero esa solución cambió la vida de muchos niños, les devolvió la confianza.

Asegura la licenciada que no olvida los nombres de varios pacientes, como el de Susana, la pequeña que se volvió parte de su familia y a quien Mislenis enseñó a ponerse los lentes ella solita. Su historia es de esas alegrías que le han dejado la profesión.

“Hablaba mucho con los padres de la necesidad de chequearles la visión periódicamente a los niños; imagínese, ahora que es tan común el uso prolongado de las pantallas... La subespecialidad de Contactología es hermosa. Difícil, porque el niño sufre; la familia también, pero los resultados valen la pena”.

El conocimiento la llevó también a descubrir que uno de sus tíos padecía retinosis pigmentaria. Mislenis supo en primera final que él había dejado de ver los colores, y convocó a su familia para que lo ayudaran, porque ya no podía vivir solo. Ese día su profesión se volvió más pesada.

“Nosotros tenemos muchas dificultades con los equipos: no nos queda ningún proyector, estamos trabajando con cartillas de prueba que a veces nos donan los propios pacientes... Hace un tiempo tuvimos incluso falta de iluminación en las consultas; pero siempre ha primado por parte de la institución la voluntad de defender este servicio.

”Necesitamos recursos importantes, como armaduras de prueba; actualmente solo tenemos dos retinoscopios... Los electromédicos apoyan, pero a veces las soluciones no están en sus manos. El bloqueo aquí es una realidad tangible, triste, que afecta a los pacientes todos los días.

”Esas dificultades nos limitan, mas no nos detienen, ni determinan para realizar un buen examen y para darle conformidad y una salud visual a los pacientes. Acá venimos con ganas de ayudar, con la certeza de que el buen trato suple las carencias materiales, y que sensibilidad es lo que sobra en este servicio”.