
Las Tunas.- Pakistán marcó su vida con un halo de dolor que todavía carga en el pecho por más que los años se amontonen. Recuerda el aire helado en los pulmones la primera vez que bajó del avión, consciente de que aquella sería su misión internacionalista más difícil y que del otro lado estaría aguardándola toda la destrucción de Cachemira. Eran los primeros días de octubre del año 2005.
La ciudad de Balakot acogió a parte de la brigada Henry Reeve. Un sismo de magnitud 7.6 había causado enormes pérdidas materiales y miles de muertos y damnificados. Cuando la doctora Nersa Vega Rivas pisó la nieve le llegó del golpe toda la tristeza de aquellos parajes entre el olor a cadáveres en descomposición y las súplicas en un lenguaje extraño.
"Era demasiado para asimilar. Nos pasábamos días incomunicados de nuestros familiares. Vivíamos en casas de campaña y todos los días había réplicas del terremoto superfuertes que daban pánico. Qué días más tristes…, había nieve por todos lados, cadáveres, desolación, olores desagradables. Los seis meses que pasé allí me hicieron envejecer…
"Me impactó mucho la pérdida de una escuela que tenía alrededor de 500 niñas, la instalación se hundió por completo, solo quedó la giraldilla que tenía encima de la cruz del techo. Eso a mí me marcó mucho, nunca he logrado sacármelo de la cabeza, la consecución de cuerpos menudos que fueron sacando de aquella fosa colectiva helada.
"Pakistán terminó de forjarme el carácter. Recuerdo que trabajamos enfermos, extenuados, sin agua porque se desviaron los cauces de los ríos, en medio de condiciones extremas, pero la fuerza de la brigada impactó en aquella gente; pocas veces se ve con tanta nitidez la fuerza de la solidaridad".
EL ÚNICO CAMINO…
Me cuenta que desde pequeñita le encantaba jugar a la doctora y la enfermera. Hacía recetas imaginarias y medicaba a la fila de muñecos que aguardaban "enfermos". No sorprendió demasiado que la acogiera la antigua facultad de ciencias médicas Zoilo Marinello.
Se inclinó por la especialidad de Medicina General Integral, ahora Medicina Familiar, sin muchos esfuerzos; ella tenía claro que su vocación era el impacto en las comunidades. El servicio social en la zona rural Hermanos Mayo, en la localidad de Barranca, le puso de frente los grandes retos de la carrera y Nersa fue asumiendo un compromiso que le serviría luego para dirigir grandes colectivos e instituciones.
El policlínico 7 de Noviembre de Calixto, Majibacoa, avizoró el inicio de sus dones al frente de los procesos. Era muy joven cuando llegó al frente de un Grupo Básico de Trabajo (GBT) y descubrió que su voz era fuerte e iba a utilizarla para defender los preceptos en los que creía, y esa sinceridad se ha mantenido intangible…
"Ya en el municipio de Las Tunas, me incorporé como especialista en el policlínico Guillermo Tejas. Así llegué al hogar materno de Casa Piedra, que se convirtió en una escuela imprescindible. Me trajo grandes retos, el de la vida que comienza y el de velar cada detalle del proceso.
"Tuve la suerte de trabajar con mujeres por primera vez. Cada una es un mundo con diferencias y semejanzas considerables, marcadas por sus historias, sus condiciones de vida, sus parejas, sus decisiones. Aprendí a escuchar, a valorar y también a decir las cosas en el momento necesario por más fuertes que fueran. Esas son mis claves para dirigir".
En su sencillez empedernida Nersa siempre habla en tercera persona porque considera que los cambios se logran en colectivo. No le gusta mencionar sus logros, pero dejó una impronta positiva que marcó sus caminos futuros.
CUANDO LA SOLIDARIDAD SE HACE REAL
"Llegué por primera vez a Venezuela en una misión especial producto de un deslave, por un exceso de precipitaciones que arrastró poblaciones completas. Nosotros formamos parte del Programa Integral de Salud. Estuve allí dos años, luego pasé al Programa del Médico de la Familia, conocido como Barrio Adentro II.
"Estaba en Venezuela cuando el terremoto de Pakistán, de allí integré la brigada Henry Reeve y fui directiva en el hospital de campaña que tuvimos en Balakot, la ciudad más destruida. Operamos muchísimo en la etapa, contábamos con un equipo multidisciplinario de profesionales valiosos. Logramos también incrementar el programa de rehabilitación de esos países aquí en el nuestro. Fue una experiencia sin comparación.
"Luego volví a Venezuela y me llegó otro reto inmenso: ser parte de la Misión Milagro, como directora del centro oftalmológico del estado de Aragua. Devolver la visión es una experiencia muy bonita, pero a mí me tocó estudiar mucho. Como médico general integral tuve que aprender cosas de Oftalmología, y buscar cataratas, lesiones oftalmológicas. Quien me conoce sabe que yo me involucro en el trabajo y muchas veces me dio la madrugada adiestrándome en esa especialidad".
Nersa cuenta que fue real y gratificante las muestras de agradecimiento de la población que atendieron. "Muchos estaban netamente ciegos y no se daban cuenta de la situación de salud que tenían. Cuando intervinimos fue como devolverles la luz en un contexto de sombras. Lloraban del agradecimiento. Aquel fue un momento de lealtad.
"Regresamos a la Patria en el 2010 y me desempeñé como directora del Centro Diabético, otro reto más… Logramos muchas cosas, teníamos un programa muy bonito, hicimos la consolidación del Programa de Atención Integral al Paciente Diabético y a sus familiares. El centro cumplió sus indicadores.
"Teníamos un día a la semana para darles conferencias de cómo comportarse, cómo vestirse, alimentarse, cuidarse, ponerse sus medicamentos. Se hizo mucha promoción de salud e impactó en los pacientes".
Por decisión de la Dirección Municipal de Salud, en el 2017 Nersa asumió la subdirección de Asistencia Médica y como era costumbre trabajó incansablemente con todos los municipios, en todas las áreas de Salud. Dos años después llegó al Banco Provincial de Sangre y otra vez le crecieron compromisos y pasiones.
"El oficio aquí me enamoró enseguida. Empecé como médico y terminé de directora. Hoy puedo decirte que esta institución cuenta con un colectivo excelente y los programas se llevan a cabo con total sentido de pertenencia.
"Me ha costado mil desvelos. Cuando veo una publicación en Facebook de gente que quiere o compra sangre me pongo muy molesta porque a veces no saben ni lo que necesitan, y acá estamos nosotros asegurando este líquido vital a como dé lugar. De más está decir que nosotros mismos hemos puesto el brazo cuando hace falta una donación importante de nuestro grupo sanguíneo; aquí damos el ejemplo.
"Es una tarea muy bonita, altruista. Es una tarea en la que una necesita enamorar a las personas porque esto no tiene remuneración. Esto es un acto que es de corazón, voluntario, y a la vez necesario para salvar las vidas. La sangre no tiene precio y no puede tenerlo. Nosotros amamos este programa, lo defendemos, luchamos. De ahí que nos duela tanto cuando escasean los recursos, no hay buenas meriendas y no se atienden a los donantes.
"Lidiando con miles de dificultades hemos alcanzado una cifra del 100 por ciento de las donaciones todos los meses, y, lo más importante, hemos logrado que nuestros donantes se sientan algo atendidos, que nuestros trabajadores amen lo que hacen, que respeten las situaciones que pasan; y me gusta pensar que en colectivo hemos hecho una conducción de mejoría total del centro".
Habla con vehemencia de sus rutinas diarias, del hueco que deja el bloqueo con la falta de reactivos. Igual le da más fuerza a lo que sí pueden hacer, a la voluntad de querer ayudar.
"Usted puede salvar de tres a cinco pacientes con una donación de sangre porque no todos necesitan los mismos componentes. Hasta la fecha mantenemos la sangre para el 100 por ciento de las urgencias médicas. Cuando no hay disponible en el banco la buscamos en otros municipios, ya sea en Puerto Padre, en Amancio o en Jobabo, donde contamos con bancos de sangre que colectan el preciado líquido para mantener la asistencia médica".
PRIMERO MUJER, DESPUÉS DIRECTIVA
Asegura que ser directiva es muy complejo, que a veces se pasa día y noche en vela cuando hay un caso grave, buscando la alternativa para que no falten ni la sangre ni sus componentes. Antes, en otros escenarios, también fue así.
A sus responsabilidades se suma ser vocal del Consejo Electoral Provincial como madrina del municipio de Jesús Menéndez. Su mano también garantiza que en los balances de los diferentes años ese territorio haya sido destacado en todas las actividades electorales. Lo hace de manera voluntaria.
"Cada una de estas responsabilidades te quita tiempo de calidad con tu familia, con las personas que quieres; es un precio muy alto, que nadie lo dude. Sin el apoyo del hogar no logras nada porque la casa debe ser hogar, abrevadero para poder aportar a la sociedad. Una primero es mujer, cuida a los suyos en el entorno más íntimo. Ese compromiso es natural.
"Ya la vida me dictó el descanso. Cumplí 60 años y me siento orgullosa de haber podido servirle al pueblo. Mi mayor agradecimiento es para mi familia, que siempre ha sido mi fortaleza en todas las tareas. Ellos no me abandonan ni me dejan, siempre me están dando consejos, me ayudan, como mis compañeros y amigos. Siento que tengo las manos llenas".
…
Al cierre de estas páginas, Nersa se prepara para dejar sus responsabilidades como directiva en las manos de un colega y amigo, aunque no tiene planes de alejarse del Banco Provincial de Sangre, ni de las rutinas que le han marcado las últimas décadas de su vida.
Su diálogo es una amalgama de anécdotas de donde ha sacado las enseñanzas que ahora las resguardan. Tiene la voz tan firme como el carácter. Debajo de la bata blanca hay una mujer-lideresa, que a fuerza de sensibilidad, y sin pretenderlo, se ha labrado una impronta en Las Tunas.