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jueza las tunas

Las Tunas.- Cuando Gladys Peña Palomino cursaba el Preuniversitario en el municipio de Puerto Padre, difícilmente imaginaba que más de cuatro décadas después seguiría ligada a los tribunales, no solo como una jueza consagrada, sino como testigo y protagonista de las transformaciones más profundas del sistema judicial cubano.

Ingresó a la carrera de Licenciatura en Derecho en 1978, y hoy, con 41 años de labor ininterrumpida y una Distinción al Mérito Judicial que recibió en diciembre pasado por parte del Tribunal Supremo Popular de Cuba, Gladys continúa activa como juez suplente adscrita a la presidencia del Tribunal Provincial Popular de Las Tunas. Su historia no es solo la de una profesional ejemplar, sino la de una mujer que supo conciliar la dureza de la ley con la sensibilidad humana, incluso cuando su propio hogar demandaba atención.

Graduada en 1984, Gladys fue asignada inicialmente a otra institución para cumplir su servicio social, pero las necesidades del sistema de Justicia la llevaron al Tribunal Municipal Popular de Las Tunas, donde comenzó atendiendo la Sección Civil, de Familia y Laboral.

"Por mis méritos, en 1988 me dieron la posibilidad de incorporarme como juez titular en la Sala de lo Civil, de lo Familiar y de lo Administrativo. Allí permanecí hasta mi jubilación en 2022. Tras un breve receso, decidí reincorporarme, primero como asesora de nuevos jueces en el Tribunal Municipal y luego en la propia Sala Civil del Tribunal Provincial Popular de Las Tunas.

"Desde la Universidad, mi fuerte eran las materias no penales. Deseaba estar en lo civil y tuve la suerte de que así fue, aunque en su momento había que trabajar donde hiciera falta", confiesa.

Con más de 40 años de experiencia, ha vivido en primera fila las reformas legislativas más significativas del país. El Código de Familia de 1975, con el que comenzó, ha dado paso al actual Código de las Familias; la Ley Procesal de 1977 fue sustituida por un moderno Código de Procesos que incorpora lo mercantil; y el propio Código Civil de 1988 ha sufrido modificaciones.

"Estas nuevas leyes traen muchos cambios. Los jueces, como operadores del Derecho, tenemos que saber utilizarlos. Para alguien con más edad, adaptada durante tantos años a las leyes con las que estudié en la Universidad, representa un cambio considerable, pero nos adaptamos", explica con sinceridad.

Lejos de resistirse, ha encontrado en las nuevas generaciones un aliado invaluable. "Siempre debemos estar prestos a oír lo que se transmite. Por más años de desempeño que tenga, no necesariamente me lo sé todo. El vínculo con los jóvenes ha sido fructífero, y es que ellos aportan la frescura de sus conocimientos, lo que traen de la academia. Es una colaboración mutua, un conocimiento que se retribuye".

Detrás de cada larga trayectoria profesional suele haber una historia de sacrificio silencioso. En el caso de Gladys, su familia ha constituido el soporte que posibilitó su entrega a los tribunales.

"El trabajo del tribunal siempre ha sido fuerte. Hay que dedicarle más del tiempo establecido de ocho horas. Siempre hemos tenido que destinar horas de nuestro descanso a lo que hacemos. Si no se tiene una familia que colabore, realmente resulta imposible.

"Mi niño empezó a tener dificultades alérgicas y muchas veces me vi obligada a trabajar con él, incluso bajo esas condiciones, porque las personas necesitan de uno y no pueden esperar. No nos podemos tornar indolentes ante aquellos que están involucrados en el proceso judicial".

Para Gladys, trabajar en asuntos de familia implica una capa adicional de responsabilidad emocional. "Nos hace tener mucha más sensibilidad. Los casos de guarda y cuidado de niños, de privación de responsabilidad parental, requieren atención especial. Es importante mantenerse atentos a las indicaciones del máximo órgano de justicia, porque está la norma, pero también las instrucciones y dictámenes del Tribunal Supremo para tener una interpretación uniforme a nivel de país".

En diciembre pasado, Gladys Peña recibió la Distinción al Mérito Judicial por 41 años de labor ininterrumpida en el sistema de tribunales cubanos, un reconocimiento que otorga el Tribunal Supremo Popular.

"Me siento muy orgullosa por tan alto reconocimiento, aunque considero que cualquier otro compañero pudiera haberlo merecido, porque en nuestro sistema hay muchos valiosos. Esto me exhorta a trabajar bien, porque a eso estamos llamados, a hacer cumplir nuestras normas".