
Con videos virales de estilo Lego, memes personalizados para cada país y una agilidad algorítmica superior, la República Islámica ha roto el monopolio narrativo occidental. Mientras la propaganda estadounidense recurre a viejas fórmulas, Teherán impone la "jajaganda" y la "eslopaganda" para disputar el significado del conflicto en las redes sociales
Las Tunas.- Los creadores digitales al servicio de Irán se mofan de Donald Trump en un nuevo video viral. Ya no son misiles hipersónicos ni declaraciones bélicas. La última arma de Teherán en su conflicto con Estados Unidos son muñecos de Lego, ritmos de hip hop y la figura del “Marichocho” español. En una guerra asimétrica, donde el Pentágono gasta millones en interceptores, Irán ha encontrado una grieta en el blindaje del adversario: el algoritmo.
Por primera vez en décadas, el monopolio del relato occidental ha mostrado fisuras. La superpotencia tecnológica, cuna de Silicon Valley, está siendo superada en el campo de batalla digital por una teocracia que ha entendido una máxima contemporánea: no siempre gana quien tiene más medios, sino quien comprende mejor cómo circula hoy la atención.
LA NUEVA GRAMÁTICA DEL CONFLICTO
Occidente no solo dominó la narrativa global durante años, sino que definió el propio lenguaje de la guerra. Desde las superproducciones de Hollywood hasta la gamificación de los conflictos en videojuegos, la violencia se presentó como un espectáculo controlado. Sin embargo, esa estrategia terminó vaciando de contenido político a la propia guerra, convirtiéndola en una sucesión de impactos visuales donde lo importante no es entender, sino reaccionar.
Irán no entra en esta lógica como un actor atrasado que intenta copiar el modelo estadounidense. Entra sabiendo que el terreno ya no es el de la propaganda clásica, sino el de la circulación algorítmica de contenido. No se trata de convencer a todo el mundo, sino de colarse en la conversación, alterar los códigos y disputar el significado de lo que ocurre.
Los analistas han bautizado este fenómeno como “eslopaganda”: contenido generado rápidamente con inteligencia artificial, adaptado al lenguaje de internet, barato, rápido y altamente compartible. Los iraníes no buscan credibilidad institucional ni pretenden parecerse al telediario. Han asumido que no pueden cambiar su imagen en los medios tradicionales, donde no les dan voz, así que han decidido saltárselos.
ENJAMBRE DIGITAL, LA "JAJAGANDA" Y LA GUERRA DE LOS LEGOS
Mientras las televisiones occidentales proyectan declaraciones de Trump o entrevistan a diplomáticos israelíes, Irán ha ido directamente a donde realmente se forma hoy la opinión: las redes sociales, los algoritmos y la cultura digital. Y lo han hecho con una ventaja inesperada: una generación joven que conoce perfectamente los códigos culturales occidentales.
La estrategia se ha llamado de muchas maneras, pero una de las más acertadas es “jajaganda”: el uso de memes, videos virales y humor ácido para ridiculizar a los líderes occidentales. Las embajadas de Irán en distintos países se han convertido en nodos de una red descentralizada que apela a la cultura local donde se encuentra.
Un ejemplo claro ocurrió cuando Trump ordenó a la Marina estadounidense bloquear el estrecho de Ormuz. La Embajada de Irán en España respondió en redes sociales con un tuit que rezaba: “¿Cómo lo vamos a hacer así, Marichocho?”, en referencia a un meme viral de la televisión extremeña. En Cuba, la embajada iraní respondió a una imagen de Trump creada con IA que lo mostraba como Jesucristo, con un póster de José Martí, Fidel Castro y el Che Guevara rodeados de médicos cubanos, apelando al orgullo nacional de la isla.
El fenómeno más comentado por la prensa internacional ha sido la llamada “guerra de los Legos”. Un grupo identificado como “Explosive Media”, vinculado por analistas al Instituto Rebatay Faz y la Guardia Revolucionaria Iraní, produce animaciones con estética de estos populares juguetes universales. En ellas se muestra a Trump hurgando en los archivos de Epstein, a Netanyahu apretándole las tuercas al presidente estadounidense o a niños palestinos bajo escombros.
La BBC logró entrevistar a un representante de este colectivo, al que denominó “Mr. Explosive”. Según su testimonio, el equipo está formado por menos de 10 personas que utilizan la inteligencia artificial para crear contenido en tiempo real. La clave, explicó, es que el estilo Lego es un “lenguaje universal” que permite llegar a audiencias masivas sin necesidad de traducciones culturales complejas.
A pesar de que YouTube y Meta han cerrado canales oficiales por considerar el contenido violento, los videos ya se habían viralizado y continúan circulando en Telegram, WhatsApp y otras plataformas. La velocidad de producción es tal que un video sobre un alto el fuego se publicó antes incluso de los anuncios oficiales.
MÁS ALLÁ DEL MEME: UNA ESTRATEGIA CON FONDO POLÍTICO
Frente a esta agilidad, la propaganda estadounidense parece anclada en viejas fórmulas. Medios como CNN han tenido que reconocer el fenómeno, mientras que publicaciones como The Economist lamentan que “una teocracia sin alegría produzca videos más ingeniosos que la administración Trump”.
Un ejemplo de esta diferencia se aprecia en el uso de un mismo meme. La administración estadounidense reutilizó un video viral de bolos para representar a su país como la bola que derriba a Irán. El mensaje era simple: Estados Unidos arrasa. Irán, en lugar de copiar el formato, lo transformó e introdujo elementos narrativos como ironía, referencias políticas y una perspectiva crítica sobre los ataques a civiles.
Mientras la narrativa estadounidense busca simplificar y despolitizar la guerra, convirtiéndola en un espectáculo, la estrategia iraní introduce capas de lectura política y satírica. El analista chileno Pedro Santander definió esta lucha como “desigual, asimétrica, pero inteligente y creativa”.
Sin embargo, los especialistas advierten que no todo es forma. El comunicador Youssef Brahim, conocedor de la lógica política del mensaje iraní, explica que esta “yihad propagandística” se articula bajo la narrativa del “eje de la resistencia”. Busca crear una identidad transnacional de los oprimidos contra los opresores, combinando dos ejes principales: el antisionismo (concibiendo a Israel como una extensión colonial de Occidente) y el antiimperialismo (retratando a Estados Unidos y la OTAN como fuerzas desestabilizadoras).
Irán ha invertido miles de millones en crear una infraestructura mediática global en varios idiomas (PressTV, HispanTV, Al-Alam) y segmenta su mensaje para cada público objetivo. En América Latina se dirige a movimientos de izquierda usando el pasado colonial; en el mundo islámico apela a la causa palestina; en Occidente critica a la OTAN y el capitalismo.
EL CONTEXTO BÉLICO Y LA TREGUA FRÁGIL
Esta batalla comunicacional ocurre mientras en el terreno militar se vive una tregua frágil. El acuerdo no se firmó por magnanimidad del adversario, sino porque el contragolpe iraní, tanto militar como económico, especialmente el control del estrecho de Ormuz, estaba siendo demasiado difícil de asumir para la administración estadounidense.
Durante estas semanas, las exigencias iraníes han incluido desde el levantamiento de sanciones y la descongelación de activos por 20 mil millones de dólares hasta la retirada de las tropas estadounidenses del Golfo Pérsico. Trump, atrapado en su propia escalada, oscila entre ordenar bloqueos y proclamar victorias inexistentes.
Más allá del resultado final de la contienda militar, los analistas coinciden en algo: Irán ya no es el mismo país para la opinión pública que antes de la guerra. Y esa transformación de su imagen, lograda a base de creatividad y conocimiento del ecosistema digital, constituye por sí sola una victoria en el campo de la propaganda. El imperio, acostumbrado a vender sus guerras como películas de acción, ha visto cómo el guion se le ha vuelto en su contra en la pantalla más pequeña y poderosa de todas: la del teléfono móvil