
• A propósito del Día Mundial del Asma, 26 conversó con una de las especialistas más entendidas en esta enfermedad que marca la vida de los tuneros
Las Tunas.- Carlitos recién había cumplido los 5 años cuando fue diagnosticado como asmático. Desde muy pequeño había dado indicios, incluso lo habían medicado en el Cuerpo de Guardia de su policlínico, pero aquella mañana su mamá volvió a casa con la certeza y una lista larga de recomendaciones para cuidar la salud del niño.
En los días y semanas posteriores volvió una y otra vez al Hospital Pediátrico. Su muchachito se descompensaba con mucha facilidad y ella ya no lograba conciliar el sueño, pendiente a su respiración agitada. Afuera, el humo de los fogones improvisados matizaba un ambiente irrespirable, a cualquier horario. No tenía cómo proteger a su muchacho.
UNA ENFERMEDAD DE RIESGO
La doctora Yuditza Pupo Pérez, especialista de Primer Grado en Pediatría y máster en Atención Integral al Niño, conversa con 26 sobre sus faenas en la sala de Respiratorio del hospital pediátrico Mártires de Las Tunas, un espacio donde confluyen muchos infantes como Carlitos. Allí, además de curarlos, le enseñan a convivir con esta enfermedad.
“Una de las enfermedades crónicas que nos ocupa casi siempre, en las urgencias del Cuerpo de Guardia, es el asma bronquial. La población sabe que es una patología crónica, hereditaria, que tiene su control con el tratamiento regular y que hay que hacerlo como es debido -enfatiza la galena.
“Los niños vienen mucho con síntomas de descompensación. Por lo general, cuando llevan un tiempo lidiando con el padecimiento ya conocen los signos de riesgo y los padres aprenden a manejarlos. Aun así, en muchos casos la población tiene desconocimiento a la hora de llevar a cabo las medidas en el hogar y el tratamiento farmacológico como debe ser.
“Por ejemplo, en estos pacientes, cuando la enfermedad se agudiza o hacen muchos episodios de descompensación al año, necesitan un tratamiento específico que es con esteroides inhalados. En este caso estamos hablando del espray y muchas familias no saben cómo usarlo. Esto depende de la edad del niño. A veces no se puede usar el espray directo a la boca porque su edad no permite que lo haga con una técnica adecuada.
“Hay otros casos en los que les dan a los pequeños las mismas dosis de medicamentos de años anteriores sin tener en cuenta que estos crecieron, que modificaron el peso. Lo vemos a diario en la sala, vienen con un tratamiento inadecuado. Las dosis que se les han dado, por lo general, son insuficientes porque no las calculan ni las regulan bien, en el tiempo que hay que dárselas, en los días determinados.
“Hay que tener muy en cuenta que los esteroides son necesarios, pero también tienen sus efectos adversos, no se puede abusar de ellos y hay ocasiones en las que lo hacen. En sentido general, le falta mucho conocimiento a la población del manejo de la enfermedad”.
LECCIONES DE VIDA
Con el ceño fruncido la galena exhorta a elevar la percepción de riesgo de una enfermedad compleja, con la que hay que aprender a convivir de por vida.
“Hay que rescatar las consultas para estos niños en los policlínicos, que las puede dar incluso un especialista en Medicina Familiar o un pediatra para enseñarles cómo manejar la patología, cómo manipular su tratamiento de base de todos los días, porque es la garantía de que no se descompensen.
“No estamos hablando de algo menor. La enfermedad descompensada trae consecuencias desfavorables como, por ejemplo, trastornos del sueño porque tendrá muchos síntomas nocturnos. Puede que el niño no se desarrolle como normalmente lo hace otro porque su capacidad pulmonar o su función pulmonar va disminuyendo a medida que se va descompensando más.
“Va a limitar la capacidad física para su actuar diario y además el rendimiento escolar también se ve afectado porque tienen que dejar de ir a la escuela regularmente debido a la propia enfermedad. Y lo que más vemos en la sala es que cuando un asmático viene descompensado es por mal manejo de su tratamiento de base. Algo que tenemos que evitar”.
Desde su vasta experiencia, la especialista alerta que hay niños a los que, en ocasiones, no se les ha hecho el diagnóstico y los padres no saben con certeza que son asmáticos. A veces acuden a la sala, la mamá alega que un año han ido tres y cuatro veces a los cuerpos de guardia, le han puesto tratamientos compatibles con la enfermedad: esteroides, salbutamol en aerosol, ellos mejoran y van a su casa, pero nadie los dispensariza como tal.
“Esto nos afecta mucho porque si no se dispensarizan, no tienen tratamiento regular. En el hogar hay que activar las alarmas y saber que el asma es hereditaria, tiene un antecedente familiar de primera línea y por supuesto el niño tiene que tener alguna enfermedad alérgica de base; puede ser una dermatitis atópica, una rinitis alérgica”.
Para la doctora es hoy un imperativo que los asmáticos tengan un lugar donde acudir, donde seguirles su enfermedad, educarlos sobre cómo tratar y cómo hacer el seguimiento de su tratamiento, máxima garantía de que no acudan regularmente a los cuerpos de guardia y a las urgencias.
CLAVES, SOBRE LA MESA
Según la experta, lo ideal es que todo niño con sospecha de la enfermedad y antecedentes familiares, que ha acudido varias veces a urgencias con los síntomas, acuda a su médico de familia. Este tiene herramientas para interconsultar con el pediatra, de manera tal que se establezcan los criterios que debe cumplir cada pequeño, incluso los menores de 5 años, para que esté dispensarizado.
“Ya una vez reconocido como asmático, se le pone su tratamiento de base y se remite a la atención secundaria a dar una interconsulta, cuando lo requiera, para reajustar o para algún seguimiento. Enfatizo, debe tener una consulta por lo menos cada tres meses.
“Nosotros aquí en el hospital tenemos una consulta para los casos de difícil control, que, a pesar de todo el tratamiento regular y demás, se siguen descompensando porque tienen algunos factores desencadenantes como alguna enfermedad crónica asociada que no es necesariamente el asma”.
¿Afecta el humo?
“Sí, es real. Dentro de los factores desencadenantes que están descritos en la literatura y en el estudio que se ha hecho de por vida de esta enfermedad están sobre todo los inhalados y tienen que ver, por ejemplo, con el humo del cigarro. Muchas madres son fumadoras y tienen niños asmáticos en la casa. Por mucho que una los educa, no dejan esta conducta.
“Ahora tenemos la situación energética compleja y el humo del carbón, del petróleo, de los microvertederos a los que se les prende fuego regularmente… Todo eso afecta, el aire enrarecido, los olores fuertes de alguna sustancia.
“Estamos en un contexto difícil e insisto en que debemos tomar las medidas de precaución. En casa no se puede usar productos como el cloro, el desincrustante, eso le puede desencadenar la crisis. Los cambios de temperatura también hay que tenerlos en cuenta para saber cómo actuar”.
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Desde la mayor institución sanitaria dedicada a la atención infantil, el asma bronquial es tema de estudios constantes que está presente en sus líneas de investigación académica. Próximamente también serán sede de un taller de actualización, sobre todo de manejo de tratamiento con fármacos que se usan en el primer mundo.
La falta de estabilidad en el abastecimiento de los medicamentos que requieren los asmáticos, en la red de farmacias, es otra cuestión que está provocando hoy niveles más altos de descompensación, según los criterios de algunos entrevistados. Actualmente no hay broncodilatadores, el salbutamol y los esteroides cotizan a precios muy altos en el mercado informal.
A pesar y sobre todo por estas limitantes, la familia debe extremar las precauciones y velar por la salud de los pequeños. Acudir a los servicios médicos de manera oportuna marca la diferencia para ayudar a gestionar mejor el aire atrapado en los pulmones.