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profe Margarita Fernández casa cultura

Las Tunas.- El alba aún no despunta y ya Margarita Fernández Tamayo tiene lista su agenda del día. Cada jornada deviene un desafío que asume con valor. Guáimaro la vio nacer, pero Las Tunas es el regazo que la acogió desde niña, para privilegio de muchos habitantes de este terruño que han tenido el placer de conocerla.

Su alma de educadora abrazó varios horizontes hasta llegar a la casa de cultura Tomasa Varona, para convertirla en su segundo hogar. Convencida de que -como cantara Silvio Rodríguez- “no hacen falta alas para hacer un sueño”, cada día Margarita reta al tiempo y a sus 70 años.

El ejemplo de su padre, trabajador del antiguo central Elia, forjó en ella ese deseo de dar lo mejor de sí en cada escenario. Anhelaba ser maestra y sabía que toda victoria conlleva sacrificios. Por eso, no dudó en aceptar el llamado de Vilma Espín a las jóvenes que quisieran formarse como educadoras para círculos infantiles. Y hasta Santiago de Cuba partió a cursar su Enseñanza Media Superior.

Disfruta ser líder, es parte de su personalidad. Comenzó su vida laboral en el círculo infantil La Victoria, donde ejerció como subdirectora docente. Y aunque guarda muchos recuerdos de esa etapa, ninguno se compara con la llegada de una pequeña, a quien adoptó cuando solo tenía 8 meses de nacida.

Convertirse en madre tan joven demandó un esfuerzo mayor, pero, a la vez, la motivó a prepararse más, pues otras tareas vendrían luego con más dosis de sacrificios. “Por aquel tiempo me seleccionaron para ser miembro de la Asamblea Nacional y me convertí en una de las primeras secretarias de Prevención Social que tuvo Las Tunas. Mi trabajo era con los jóvenes y las personas con necesidades afectivas” -recuerda.

“Tuve muchos resultados positivos, pero decidí volver a Educación y asumí como metodóloga en la provincia. Esa labor me demostró la importancia del control para que todo marche bien. Lamentablemente, después me accidenté y perdí un riñón. Tras recuperarme, solicité trabajar en Cultura. Fue así como, en el 2016, comencé a impartir talleres literarios, pues soy graduada de Español-Literatura”.

UNA VIDA DE ENTREGA A LA CULTURA

Para Margarita, hablar de la “Tomasa Varona” es evocar ese refugio creativo que representa ese lugar. La formación de valores en las nuevas generaciones ha sido bandera permanente. Lo que más disfruta de su trabajo es saber que enseña; esa ha sido siempre su principal premisa.

“Somos un centro docente y tenemos la oportunidad de llevar a los niños, desde sus primeras edades, a la manifestación que deseen y ver en ellos sus cualidades. En mi caso, enseño a diferentes grupos etarios. Trabajo en tres escuelas primarias y allí tengo estudiantes con excelentes resultados. Varios ya están en la Secundaria y siguen con el gusto por escribir” -expresa.

“Recientemente solicité trabajar no solo con los niños que tengan capacidad para crear, sino con otros que necesiten aumentar su amor por la lectura, mejorar sus habilidades en la oratoria, perfeccionar su ortografía… Soy instructora de Literatura. Mi función es enseñar, rescatar y obtener talentos no solo para que sean creadores, sino que también empleen la corrección dentro de las métricas, las exigencias que lleva cada género literario, hacer cuentos, poesías…”.

Con el mismo empeño, su labor ha llegado hasta la Casa de Abuelos. A estos -dice- les encanta rememorar historias. “Ellos son el resultado de esa época prodigiosa que tuvimos. Allí cantan, recitan, escriben testimonios de su vida laboral y revolucionaria... Yo les impulso a que lo hagan, pues recordar es volver a vivir”.

Como tunera -porque así se considera- esta escritora cuenta que le apasionan los temas de las tradiciones de nuestra localidad. Sin embargo, confiesa que su fuerte son los sonetos y, según dice, el género literario que mejor domina. No es de extrañar entonces que el primero que escribió tenga por nombre Soneto a mi propio soneto.

Por su trabajo en los procesos creativos y comunitarios, Margarita ha sido reconocida por el Sistema de Casas de Cultura y la Brigada de Instructores de Arte José Martí en la provincia. Más allá del orgullo, esto representa el incentivo para seguir formando valores y cumpliendo metas.

“Pienso continuar en función de los niños, los ancianos, los adolescentes... Esa es mi tarea. Podemos hacer más siempre y cuando existan personas que se acerquen con ese deseo. Mi sueño es que sigamos siendo herederos de las glorias que se han vivido. No podemos dejar que la historia se pierda”.

Esa es la misión de Margarita. Con 70 años que ya han visto mucho, continúa plasmando su huella de amor en escuelas y comunidades. No lo hace por aplausos ni condecoraciones, sino porque su alma de educadora no la dejará descansar mientras sepa que aún tiene fuerzas para aportar un rayo de luz.

SIEMPRE VIVO EL LEGADO DE FIDEL

Dialogar con Margarita es conocer a una cubana orgullosa de nuestra Patria, su historia y próceres. En su corazón late cada día el legado del Comandante en Jefe. Junto a tantos agradecidos, hoy lo recuerda con ese amor de hija que nadie ha podido borrar.

Mencionarlo es hablar del hombre que “nos enseñó amar, a conducirnos”. Para quien siempre procuró cumplir con la Revolución, conocerlo siendo apenas una adolescente fue un privilegio incomparable. Lo experimentó mientras estudiaba en Santiago de Cuba, donde tuvo la oportunidad de ir a una tribuna en La Habana. Allí lo vio de cerca y eso marcó su vida.

Con una gratitud que no le cabe en el pecho, hoy comparte con 26 una décima a nuestro Líder Histórico.

Legado

Nuestro Fidel puso fin,
nos roció de patriotismo
y el legado de optimismo
de Celia y de Vilma Espín.
Su ejemplo no tiene fin
por toda la humanidad.
Las Marianas de verdad
ya están listas al crecer.
En el bello amanecer
se aprecia la dignidad.