
Las Tunas. - Más de cuatro mil vecinos de Yariguá y sus alrededores, al oeste de la ciudad de Las Tunas, cumplen cuatro días a oscuras. El responsable no es solo un apagón por déficit de generación, sino el robo del aceite dieléctrico del transformador que alimentaba la zona. Es el onceno hecho de este tipo en la provincia en los últimos meses.
El ingeniero Anisley Santiesteban Velázquez, director técnico de la Empresa Eléctrica de Las Tunas, no ocultó la gravedad de la situación. "Ya con el hecho de Yariguá y el de Lora, en el municipio de Jesús Menéndez, vamos por 11 hechos delictivos asociados al robo de aceite y partes de transformadores", dijo. (ESCÚCHALO AQUÍ)
Frente a este incremento de esas fechorías, la institución, precisó, ha desplegado un paquete de medidas que abarca desde soluciones técnicas inmediatas hasta una estrategia de protección colectiva. El directivo las detalló una por una durante un recorrido por el taller de transformadores, donde se prueba el equipo que podría salvar a Yariguá.
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CERCAS, LUZ Y TRAMPAS QUÍMICAS
La primera línea de defensa es tangible. Santiesteban Velázquez explicó que se trabaja en el restablecimiento de las cercas perimetrales de las 44 subestaciones consideradas más vulnerables. Muchas de estas estructuras estaban deterioradas o habían sido dañadas, lo que facilitaba el acceso ilegal.
"Les estamos poniendo lámparas de solares", añadió el ingeniero. "Para que por la noche siempre tengan iluminación". Este detalle, aparentemente sencillo, busca eliminar la cobertura de la oscuridad que aprovechan los delincuentes.
Otra de las acciones, quizás la más llamativa, es la instalación de trampas químicas. "Con la cooperación del Ministerio del Interior (Minint) colocamos estos dispositivos", precisó el directivo. Aunque no abundó en detalles operativos por razones de seguridad, la medida persigue disuadir o identificar a quienes manipulen los equipos.
La tecnología y las barreras físicas no bastan. La Empresa Eléctrica busca sumar personas. “Tenemos la posibilidad de contratar agentes de seguridad y protección en las subestaciones”, anunció.
El plan es colocar cuatro agentes por cada una de las 44 subestaciones priorizadas. “Estamos aprovechando este espacio para hacer una convocatoria a todo aquel que desee participar”, dijo Santiesteban Velázquez, dirigiéndose a los medios de comunicación presentes.
Estos trabajadores no solo vigilarían. Su presencia, combinada con las mejoras en la infraestructura, permitiría una detección más rápida de cualquier intento de robo.
La respuesta no es solo técnica ni de vigilancia. El marco legal se ha endurecido. “Tiempo atrás, un dictamen del Tribunal Supremo Popular anunció que todo delito asociado a la infraestructura eléctrica será considerado sabotaje”, recordó el especialista.
La tipificación abarca más que el robo de aceite. Incluye el hurto de acometidas, que deja viviendas y centros estatales sin electricidad; el robo de baterías, dispositivos cruciales para la operación del sistema ante averías; y por supuesto, la sustracción de transformadores completos o sus partes.
La consecuencia es directa: “Nos están dejando varias comunidades, varios poblados sin electricidad”, enfatizó el director técnico.
Más allá de las acciones institucionales, exhortó a la organización de los pobladores. “Llamo a la convocatoria colectiva y popular a proteger nuestras subestaciones”.
El directivo vinculó esta petición con un proceso nacional: "Que ese proceso que está llevando la Asamblea Nacional de Mi Barrio Seguro, lo hagamos efectivo en las subestaciones de la Empresa Eléctrica y en toda infraestructura que nosotros tenemos".
La idea es clara: la comunidad debe asumir la protección de estos bienes como propios. “Los transformadores, al igual que las turbinas eléctricas que hay en los barrios de Acueducto y Alcantarillado, están rodeados de asentamientos y tiene que el pueblo cuidarlos", sentenció.
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En medio de este despliegue de seguridad, los operarios del taller de transformadores no detienen su labor. Allí se somete a pruebas un equipo que estaba en almacén, también sin aceite, pero que podría devolver el servicio a Yariguá, Dumoy, La Jibarera y otros poblados aledaños.
“Le estamos haciendo un proceso complejo y lento de recirculación del aceite por el núcleo”, detalló Santiesteban. “Se calienta a 70 grados para eliminar la humedad. Si las pruebas salen bien, tendremos la solución en la mano”.
El panorama es difícil. A los apagones por déficit de generación, agravado, recordó el directivo, por el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos, se suman ahora las horas de oscuridad provocadas por la mano criminal. Pero la estrategia de enfrentamiento, al menos sobre el papel, ya está en marcha.