
Manatí, Las Tunas.- Una obra de casi 10 kilómetros de conductora, la reparación de la bomba principal del territorio y el despliegue inmediato de brigadas hacia las zonas más desprotegidas resumen la ofensiva que libra la unidad empresarial de base (UEB) de Acueducto y Alcantarillado para aliviar la sed de este municipio del norte tunero. Su director, Manuel Rivero Cabrera, aseguró a Radio Manatí La Voz del Faro que cada minuto de energía disponible se aprovecha al máximo para mover agua en una red que supera los 122 kilómetros de extensión.
El primer golpe de timón fue devolverle la vida a la estación de bombeo de El Cerro de Caisimú. El equipo llevaba 40 días paralizado por una rotura grave que obligó a enviarlo hasta La Habana para su reparación. Hace 12 días regresó instalado y listo para funcionar. "Fue una gestión compleja, pero ya está en su lugar", confirmó el directivo, quien detalló que la fuente necesita más de cuatro horas de bombeo continuo para que el agua llegue a los hogares.
UNA CONDUCTORA NUEVA PARA ESQUIVAR LA CRISIS
La segunda maniobra de envergadura apuntó directo al corazón del problema. Para reducir la dependencia de una sola fuente, la empresa ejecutó la conexión de Las Margaritas al sector urbano manatiense. Técnicos y obreros tendieron 9.6 kilómetros de una conductora nueva, una obra de ingeniería concluida que ya está lista para operar. La infraestructura permite inyectar agua desde este punto alternativo y diversificar el abasto en la cabecera municipal.
Rivero Cabrera reconoció que la estabilización plena aún no se logra. Los ciclos de energía eléctrica siguen siendo insuficientes y el combustible asignado resulta mínimo. Aun así, el municipio se mantiene activado y cada organismo implicado suma recursos. "Hoy estamos haciendo un esfuerzo enorme en cooperación con varias entidades del territorio", subrayó.
Las zonas altas y los edificios multifamiliares concentran ahora la atención prioritaria. Las brigadas de distribución refuerzan el envío de camiones cisterna (pipas) hacia El Pueblo del Central, El Venero, la barriada cercana a la estación de la Policía Nacional Revolucionaria, entre otros sitios. Son puntos donde la presión del agua resulta insuficiente y la frecuencia de los cortes ha multiplicado la vulnerabilidad, admitió.
El esfuerzo no se limita a la zona urbana. Especialistas de la empresa recorrerán 12 comunidades rurales que carecen de pozos propios y dependen exclusivamente del bombeo centralizado. Puerto de Manatí, El Rincón, Catalina, Kilómetro 24, Piñas, Anacahuita y Sabana figuran en el itinerario. El propósito es claro, dijo: diagnosticar sobre el terreno cómo hacer llegar el líquido a cada familia.
El director de Acueducto en Manatí, insistió en un llamado que involucra a toda la población. Proteger los pozos existentes y ponerlos en función de la comunidad se ha vuelto una necesidad estratégica. La red centralizada, golpeada por los apagones, no puede sostener sola la demanda. Cada fuente alternativa que se mantenga activa y segura representa un alivio directo para los vecinos.
Rivero Cabrera fue enfático al describir el momento. Sin promesas fáciles, transmitió la determinación del equipo que dirige. "El entorno es complejo, pero la población puede tener la seguridad de que se trabaja con rigor para que, aunque sea de forma mínima, el agua llegue a cada persona", afirmó. Sobre el terreno, las cuadrillas siguen tendiendo mangueras, reparando fugas y apurando cada ventana de electricidad.
El recrudecimiento del bloqueo energético estadounidense desde enero redujo a niveles críticos la disponibilidad de combustible en todo el país. En ese contexto adverso, Manatí mueve sus piezas con pragmatismo: repara, conecta, distribuye y apela a la cooperación colectiva para que ninguna comunidad quede atrás mientras persistan los apagones.