
Las Tunas.- “Un amor puede irse, pero los amigos, cuando son buenos, duran toda la vida”. Así empieza nuestro diálogo con Zoila Nieves Molina Pupo, bibliotecaria y amante empedernida de la cultura. Una mujer que va esparciendo luces por la ciudad que la vio nacer.
Confiesa que fue una niña “revoltosa” y muy dinámica. Las muñecas fueron sus primeras alumnas, porque desde pequeña sintió que su misión estaba en enseñar. Un librero grande que había en casa fue testigo de tardes hermosas que pasaba leyendo con su papá, quien le inculcó este hábito y la acercó al mágico mundo de los libros. Luego vendrían sus participaciones activas en matutinos, escuelas en el campo, cualquier dramatización…
“La lectura era mi entretenimiento preferido, pero también cultivar amistades por correspondencia. Tengo infinidades de anécdotas sobre eso. Mi dirección salió en cuatro ocasiones en las revistas Somos Jóvenes y Muchacha, y gracias a ello hice amigos en muchas partes de Cuba y el mundo”, dice.
Cuando llegó el momento de decidir se inclinó por la Historia, pero aquel “embullo de sus amigas” la hizo cambiar para bibliotecaria. Y en eso se convirtió, para beneplácito de todos los alumnos que disfrutan de sus saberes.
“No me arrepiento de esa decisión porque es una profesión muy linda. Incluso, recuerdo con mucho amor los más de 20 años que trabajé en la Enseñanza Especial, tan merecedora de esa dosis de ternura que precisamos para comprender las necesidades educativas de estos niños.
“También laboré en la Dirección Provincial de Educación como asesora de divulgación, un trabajo que me enamoró. En estos momentos me desempeño como bibliotecaria en la escuela pedagógica Rita Longa, donde ya llevo 16 cursos”, cuenta.
Siempre ha sido amante de las actividades culturales que se hacen en la ciudad. Y gracias a ese bendito hábito de leer, cierto día Zoila encontró en el rotativo Juventud Rebelde una sección que cambió su vida: Tecla Ocurrente (luego llamada Tecla del Duende), a la cual se aferró y hoy guarda toda una colección.
Por “ella” supo que en el país se hacían tertulias fundadas alrededor de la misma y se propuso crear una. Así nació la de Las Tunas, un remanso donde se cultiva la amistad. “En mi vida hay un antes y un después de esta propuesta cultural. Tengo mucho que agradecerle. Me he sentido mal, deprimida, pero la responsabilidad de llevarla a cabo me ha puesto de pie”, expresa.
Esta iniciativa no solo ha llenado su vida para bien, a la Tecla del duende Zoila le debe el “haber tocado la historia del país”. De la mano de amigos, lectores como ella, ha recorrido toda Cuba, subido el Pico Turquino y conocido lugares de gran valor histórico.
Sin dejar sus obligaciones como bibliotecaria, decidió abrazar un proyecto que la ha convertido en una persona mejor. Gracias a la Tecla del duende no solo ha ganado amigos en toda la Isla, también conoció hace 16 años a su compañero de vida, precisamente en una actividad del periódico Juventud Rebelde en La Habana.
También agradece los otros regalos que le ha concedido la vida. Sus hijos, a los cuales llama “el motor impulsor”, quienes no están en Cuba, pero respaldan cada actividad que se propone y siempre quieren verla feliz. “Mis amigos, que me ayudan a transitar esta vida que a veces se torna tan difícil. Y, por supuesto, mis alumnos, a los cuales también amo”, menciona.
Llena de buenas vibras y con esa sana energía que emite a su alrededor, dice que aún le faltan dos años para jubilarse, pero cuando ese momento llegue no se quedará en casa. “Me integraré totalmente a todas las actividades a las que, por estar trabajando, no puedo asistir”, sostiene.
Hace 18 años nació la Tecla del duende. Cada tercer sábado del mes, a las 3:00 de la tarde, el centro cultural Huellas, sede de la Fundación Nicolás Guillén, se vuelve cómplice de un espacio donde no solo se aprende, también se liberan tensiones. 26 se suma a la invitación de Zoila de acercarse allí y disfrutar de un momento diferente, entre amigos, lecturas y ganas crear lo bello. Anímese.