
Las Tunas.- No siempre se termina ejerciendo la profesión que se estudia, pero la formación académica, no se separa se convierte en un método de vida. Belkis del Pilar Silvera Hernández, es ingeniera Química de formación, y aunque no trabaja en un laboratorio aplica a diario los conocimientos que le inculcaron en la universidad.
La trayectoria de Belkis desafía los estereotipos de género y demuestra que la vocación técnica no entiende de fronteras. Su historia es un recorrido desde las aulas del legendario Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría (CUJAE), hasta los pasillos del Centro de Operaciones de la Empresa Eléctrica Las Tunas.
Su amor por las ciencias exactas fue el motor que la impulsó a estudiar. “Mi asignatura favorita siempre fue Matemáticas, también me gustaba la Física y la Química. Fue en 12mo grado donde un profesor de Química terminó de inclinar la balanza. Cuando llegan las carreras, esta fue mi primera opción y me fue otorgada”, afirma.
Sin embargo, al adentrarse en la carrera de "Tecnología de las producciones químicas encontré con una realidad distinta a la que me imaginaba. Pensé que aprendería de elementos químicos, laboratorios y cosas así, y resultó que la carrera es más de diseñar y evaluar la tecnología por donde pasa un proceso químico. Lejos de decepcionarme me motivé y hoy no me veo en un laboratorio. Me siento muy satisfecha de mi profesión, a pesar de haberla ejercido muy poco”, confiesa.
¿El secreto de su satisfacción? La metodología. “Esa formación de razonar cada situación, investigar y analizar cada resultado. No aceptar números fríos sin un análisis. Esa enseñanza me ha servido para la vida y para mí actual desempeño en el sector eléctrico”.
En los años 90, cuando Belkis estudiaba, los mitos que decían que las carreras de ingenirias eran solo para hombres ya empezaban a desmoronarse, aunque de manera curiosa.
“En esta especialidad, la mayoría de las estudiantes de mi año eran mujeres, quizás por el error de pensar que es para realizar análisis en un laboratorio y no para estar en una fábrica. Las mujeres hemos demostrado que podemos realizar cualquier tarea por compleja o difícil que sea”, sentencia con orgullo.
Belkis ha criado a dos hijos que siguieron sus pasos, pero con sus propios matices. “Mis hijos están orgullosos. Desde pequeños les transmití de alguna manera esa inclinación por las ingenierías. El mayor se graduó como ingeniero en Telecomunicaciones y Electrónica en la Universidad de Oriente, mientras que el menor estudia Ingeniería Informática en la Universidad de Las Tunas.
Ellos, además de orgullosos, son felices de que pudieron tener mi presencia para aclarar sus dudas y orientarlos”, añade con satisfacción.
Aunque su vida profesional ha estado más ligada a la electricidad que a los procesos químicos, Belkis no siente que haya desperdiciado su carrera. Desde septiembre de 2011 labora en la Empresa Eléctrica, primero en la UEB Grupos Electrógenos de emergencia y desde abril de 2018 en la UEB Centro de Operaciones, donde desempeña funciones de control interno, calidad y capacitación.
“Tengo 33 años de trabajo. Y aunque no ejerzo como ingeniera Química, los conocimientos no quedan en el olvido, me sirven para un mejor ejercicio de mi trabajo”.