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Anais Ray Haynes foto Rey 1

Las Tunas.- El municipio de Majibacoa acunó sus primeros pasos desde aquel 5 de junio primigenio. Solo habían pasado 10 años del triunfo de la Revolución, cuando llegó ella al mundo para aumentar la alegría de su familia. La madre, especialmente, crearía los cimientos de ese amor que une (el verdadero) a tías, esposo, hijas...

Aquella niña que jugaba con muñecas y asumía el rol de docente, hoy es una mujer consagrada. “Mi padre es conocido en el poblado de Las Parras; siempre ha desbordado respeto y ese tipo de alegría que contagia. Mi mamá, en cambio, me condujo por los caminos del arte; fue mi maestra de segundo y tercer grado. Recuerdo que me aprendía poemas, declamaba, amaba las clases de Español, estaba en obras de teatro... Para mí y mis hermanas, fue una etapa muy linda”, confiesa Anais Ray Haynes, creadora, directora artística y quien comanda en la actualidad el Centro Provincial de Casas de Cultura (CPCC).

Hoy ella mira atrás y agradece a todos sus maestros, especialmente a la madre “que se fue muy joven, cuando no lo esperábamos, pero nos enseñó a seguir el camino correcto”.

El tiempo pasó y Anais siempre se mantuvo cerca del tabloncillo. “Tuve compañeros de estudio como Tania Rondón y Adelaida Villavicencio, quienes hoy ejercen esa manifestación. Formábamos grupos de teatro, participábamos en festivales..., hasta que llegó la carrera de instructor de arte. Y así llegamos a El Yarey, la escuela con ese fin, donde aprendimos sobre diferentes expresiones artísticas”, refiere.

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En 1989, ya de vuelta a la comunidad, la casa de cultura Jacinto García, de Omaja, les abrió las puertas a sus sueños. Allí se desempeñó como instructora de arte en teatro. “Aunque vivía a ocho kilómetros de esa institución, todos los días viajaba para realizar mi labor. Me gustaba trabajar ahí; es un pueblo con mucha cultura, mezcla del folclor de otros países. En ese sitio hice de todo: dirigir comparsas, montar carroza, formar grupos de teatro, asistir a eventos... Se creó un movimiento cultural fuerte. Incluso, fuimos visitados por Abel Prieto, Fernando Rojas y otros grandes. Y lo más importante, la gente se sumaba...”.

Anais se convirtió en la directora de la “Jacinto García” y, luego, de todo el sector cultural del municipio. Por ese trayecto llegó al CPCC, donde ha asumido varias funciones. “Primero fui metodóloga de teatro, después jefa de Creación y, actualmente, directora del centro”, asevera.

Confiesa que fue precisamente la comunidad la que afianzó los valores heredados de su familia. “Es allí donde encontramos a personas humildes, que trabajan con amor y, aunque quizás no hayan ido a una escuela de arte, ven multiplicados su talento en el Movimiento de Artistas Aficionados (MAA)”, comenta.

Otra de sus aficiones es la Comunicación Social y, por ello, no dudó en hacer la licenciatura en esa carrera. También se hizo máster en Desarrollo Cultural Comunitario y no abandona esa superación diaria que deviene -al final- abono en su periplo profesional.

Al llevar alrededor de un lustro frente al CPCC ha reafirmado que todo aprendizaje es poco. “Estoy en un lugar que representa la unión entre identidad y cultura. El quehacer comunitario abarca mucho, más allá de los elencos, hablamos de saberes heredados, grupos portadores, tantas historias...”.

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Consciente de que el arte se construye todos los días, como afirma, camina por la vida con sus pasiones entrelazadas: ser directiva y creadora a la vez. “Siempre he tratado de defender, ante todo, la cultura cubana. En mis espectáculos, galas y otras actividades, busco sustentar esa idea. Me siento comprometida con lo cubano”, afirma.

Trabajar para niños es una faceta que adora, aunque quisiera abordarla más. “Soy muy inconforme. En cada momento trato de hacer las cosas mejor y de impregnarles a los artistas la disciplina. Como narradora y declamadora, también dedico tiempo a pulir mi repertorio”.
Anais, además, transmite el ejemplo de su progenitora a su hija Nayde, con quien comparte el hechizo de la escena. No en balde el retoño ya integra el grupo Total Teatro y se abre paso por los laberintos de esa manifestación.

“Me gusta que las obras en las que participo se parezcan a nuestra Isla, esa de raíces soneras, de gente sencilla y resiliente. Por eso intento de que lleven un sello de identidad”.

Así, buscando soluciones escénicas frente a algún imprevisto surgido minutos antes de un espectáculo, pendiente de cada detalle, sin perder el objetivo de cada propuesta o labor, construye Anais su carrera. La Distinción Por la Cultura Cubana y otros lauros sostienen su palmarés, pero para ella lo más importante es saberse útil y llevar a Cuba ahí, siempre cerca de su corazón.