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Las Tunas.- Cuando era un cachorro el elefante fue atado a una estaca. Entonces aprendió que no podía romper la atadura. Al crecer, ya convertido en un animal de varias toneladas, la soga que lo retenía a los ojos de otros parecía casi un hilo comparado con la corpulencia del animal. Pero en su mente, el paquidermo seguía convencido de que le era imposible escapar. Esa historia, tan antigua como reveladora, describe con exactitud el estado de ánimo de una parte significativa del empresariado estatal en Las Tunas frente a las transformaciones económicas y sociales en marcha desde junio pasado.

Durante demasiado tiempo, las empresas y sus directivos han estado sujetos a un flujo incesante de orientaciones e indicaciones. Cada movimiento, desde la fijación de precios hasta la estrategia de producción, era definido desde "arriba". Esta inercia generó una reacción natural, pero contraproducente, ahora que se intenta cambiar el escenario. Cuando las estructuras de gobierno, las mismas que todo indicaban, revisaban, vigilaban, deciden ceder el mando y otorgar mayor autonomía, la respuesta que surge entre muchos empresarios no es la iniciativa, sino la cautela, el temor a equivocarse, la necesidad de preguntar una y otra vez: "¿Puedo hacer esto? ¿Tengo autorización?". Es el síndrome del cachorro de elefante aplicado a la gestión económica.

Esta desconfianza y la parálisis no son caprichos, sino el resultado de una cultura administrativa que penalizaba el error y celebraba la obediencia. La apertura no se decreta; se construye. Y su principal obstáculo no es, a veces, la falta de recursos, sino la permanencia de viejos hábitos mentales. Este es el principal reto para el empresariado tunero, que se enfrenta en estos momentos a una disyuntiva: seguir atado a una soga que ya no existe o asumir el riesgo de la libertad responsable.

El diagnóstico de la realidad provincial no deja espacio para la complacencia. En Las Tunas, 11 empresas estatales reportan pérdidas, muchas de ellas prestando servicios esenciales para la población; otras no. Empero, su existencia no será indefinida, si se cumple el programa anunciado. Su recuperación no vendrá de una nueva circular, o del salvavidas financiero del presupuesto estatal; sino de la creatividad, la proactividad y la capacidad de reacción de sus directivos y trabajadores. ¿Podrán?

Ahora la nueva metodología para la formación de precios, que sustituye a las viejas indicaciones, les exige demostrar, con números y criterios de mercado, la viabilidad de sus productos. La liberalización no puede significar que las cotizaciones se definan por "inspiración divina", sino por la aplicación rigurosa de metodologías por costo o por correlación con el mercado. ¿Serán capaces de hacerlo?

En este contexto de despertar forzoso, surgen oportunidades inéditas que empiezan a reconfigurar el tejido económico local. La participación de actores no estatales ya no es una excepción, sino una necesidad. Las primeras e incipientes señales ya se notan: las negociaciones en curso para eventuales acuerdos de asociación entre entidades públicas y privadas a fin de gestionar servicios y productos; el medio centenar de formas de gestión no estatal en el Balcón del Oriente Cubano solicitando permisos para importar combustible, y el casi un centenar de contratos entre empresas privadas y estatales ya firmados para su suministro.

Estos mecanismos, antes impensables, hoy mantienen a flote parte de la economía territorial. Sin embargo, la tentación de añorar la vieja seguridad es grande. "No tengo combustible", respondió el titular de una importante empresa local a la interrogante de por qué no producía más. "¿Qué has hecho para buscarlo? ¿Qué oportunidades has explorado?", fue la respuesta que escuchó. Sí, porque los recursos ya no serán asignados; sino que deberán gestionarlos ellos mismos y obviamente no están adaptados a eso.

transformaciones en el modelo de gestiones cuba 2026Las transformaciones económicas, aunque necesarias, no serán un paseo. Del otro lado las autoridades locales tienen en sus manos la posibilidad de aplicar nuevos mecanismos de equilibrio, no mediante la presión administrativa, sino a través de fondos especiales y de emergencia.

Esto implica un cambio radical en la relación del Gobierno con los actores económicos, ampliando el diálogo; involucrándolos en la solución de los problemas comunitarios. El reto es mayúsculo, pues mientras unos se adaptan, los más vulnerables, unos 34 mil tuneros según las estimaciones más optimistas, podrían quedar rezagados si la creatividad empresarial no va acompañada de una política social inteligente.

El camino emprendido, esperemos, es irreversible. La pregunta no es si Las Tunas debe cambiar, sino cómo lo gestionará. La soga que ató al cachorro de elefante durante décadas está a punto de romperse, pero la mente del animal sigue temerosa. El empresariado tunero, estatal y privado, tiene la oportunidad histórica de demostrar que puede caminar sin muletas, que es capaz de innovar y de responder a las necesidades de su pueblo. La confianza no se gana con decretos, sino con hechos. Y el hecho más urgente, aquí como en el resto del país, es, sin ocultar los obstáculos externos, hacer todo lo posible por garantizar la estabilidad y el acceso a lo más básico.