
"Amancio", Las Tunas.- Hay lugares que trascienden su condición de espacios físicos. Son sitios donde permanece parte de nuestra historia, de nuestra identidad y de la memoria de quienes nos antecedieron. Por eso, preservarlos no es solo una responsabilidad institucional: es también un deber ciudadano.
En el sur de la provincia, el monumento erigido en honor a Amancio Rodríguez Herrero, líder azucarero que da nombre a este municipio, constituye uno de esos espacios que merecen especial cuidado y respeto.
Allí no hay simplemente una obra levantada para recordar a un hombre. Está el legado de quien estuvo vinculado a las luchas y aspiraciones de los trabajadores azucareros; está una parte de la historia local que corresponde conocer, proteger y transmitir a las nuevas generaciones.
Sin embargo, resulta preocupante observar cómo, especialmente durante las tardes, algunos niños y adolescentes utilizan los alrededores del monumento como espacio habitual para jugar.
Puede parecer una acción propia de esas edades e incluso inocente, pero el uso inadecuado y reiterado de un sitio histórico puede contribuir a su deterioro. Lo que hoy pudiera parecer un juego sin consecuencias, mañana puede convertirse en una afectación difícil de reparar.
Y no se trata de prohibir por prohibir. Se trata, ante todo, de educar y explicar.
Nuestros infantes necesitan conocer por qué ese lugar merece respeto. Necesitan saber quién fue Amancio Rodríguez Herrero, qué representa para esta localidad y por qué conservar ese monumento significa proteger una parte de la identidad amanciera.
En esa tarea, la familia tiene un papel esencial. Padres, madres, abuelos y demás miembros del hogar no deben permanecer indiferentes cuando observen conductas que puedan afectar un sitio patrimonial. Una conversación oportuna, una explicación sencilla y el ejemplo cotidiano pueden contribuir mucho más que cualquier llamado de atención.
Y la comunidad debe asumir su responsabilidad. El cuidado de los espacios históricos no puede recaer únicamente en las instituciones encargadas de su conservación. Es una misión colectiva, porque ese acervo pertenece a todos. Asimismo, con el inicio del nuevo curso escolar, las escuelas tienen una oportunidad para fortalecer el conocimiento de la historia local.
La educación patrimonial debe estar presente en nuestras calles, plazas y sitios históricos; en la conducta diaria y en el compromiso de cada ciudadano. Desde 26 hacemos un llamado a las familias, a la comunidad y a las instituciones para que juntos contribuyamos a preservar este importante enclave.
No esperemos a que el deterioro sea visible para actuar. Prevenir también es preservar. Cuando protegemos un monumento, protegemos mucho más que una construcción: protegemos la memoria de un pueblo y el legado que dejaremos a quienes mañana tendrán la responsabilidad de continuarla.