
Las Tunas.- En lo que a violencia de género se refiere, el 2025 mantuvo las alarmas encendidas en esta provincia del oriente cubano, pues en el mencionado lapso se registraron aquí femicidios, 15 procesos judiciales por violencia sexual y otros 10 de abuso, acoso o ultraje de esa índole, según los datos del Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (OCIG), adscrito a la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
Al ajustar estas cifras con respecto a su población femenina de 15 años de edad o más, la dimensión del problema se hace más evidente. Las Tunas presenta una tasa de violencia sexual de 7,57, casi el doble del promedio nacional (4,19). En femicidios, la tasa provincial (1,51) supera el 1,19 de Cuba. En muertes por pareja o expareja, también alcanza 1,51, muy por encima del 0,94 nacional.
Las comparaciones con otras provincias ayudan a dimensionar el comportamiento de Las Tunas. Ciertamente, otros territorios como La Habana (12), Camagüey u Holguín con seis femicidios, respectivamente, superaron las cifras tuneras, pero al tener una población femenina mayor hace que Las Tunas, si bien no es el territorio con más casos absolutos, se coloque sistemáticamente por encima de la media nacional.
En violencia sexual, el panorama es aún más revelador siguiendo la misma lógica comparativa de proporcionalidad. El Balcón del Oriente Cubano es el tercero con mayor tasa del país solo superada por Pinar del Río y Camagüey. Aquí la diferencia es abismal frente a zonas más pobladas como la capital del país o la vecina comarca holguinera, con numéricamente más casos, pero que su mayor cantidad de población las colocan por detrás nuestro, al evaluarlo desde la óptica de casos por cada 100 mil mujeres mayores de 15 años de edad. Atenidos a la misma pauta de análisis, en el indicador más letal, muertes por pareja o expareja, la tasa de Las Tunas (1,51) duplica el promedio nacional (0,94) y sobrepasa a La Habana (0,90), Holguín (1,04) y Santiago de Cuba (1,25). Solo Camagüey (1,80) y Mayabeque (3,64) la superan.

EVOLUCIÓN PREOCUPANTE
La evolución entre 2023, año en que comenzaron a publicarse estos datos, y 2025 revela la tendencia de fondo; y en Las Tunas no es favorable.
En femicidios, la provincia pasó de una tasa de 1,92 en 2023 a 0,99 en 2024, para repuntar a 1,51 en 2025. Sigue el vaivén nacional, pues Cuba subió en 2024 y bajó en 2025, pero siempre con tasas superiores a la media cubana.
En violencia sexual, el descenso ha sido insuficiente: de 9,60 en 2023 a 10,85 en 2024 y 7,57 en 2025. Aunque la curva es descendente, la provincia no logra acercarse al promedio nacional. Esto significa que, en proporción a su población femenina mayor de 15 años de edad, es un territorio de alto riesgo para ellas.
De hecho, la tasa de muertes por pareja o expareja aumentó en Las Tunas en 2025, justo cuando en el resto del país disminuyó. La provincia pasó de 0,99 en 2024 a 1,51 en 2025, mientras Cuba bajaba de 1,29 a 0,94. Es un comportamiento atípico que la convierte en una excepción negativa dentro del panorama nacional; más teniendo en cuenta que la población total cubana, también la tunera, mantiene una tendencia a la baja de un año a otro.
¿QUÉ HABRÍA DETRÁS DE LOS NÚMEROS?
Las estadísticas no son caprichosas. Los indicadores demográficos del 2025, elaborados por el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde), ofrecen pistas para entender por qué Las Tunas aparece una y otra vez entre las más afectadas.
La provincia tiene un 34,1 por ciento de población rural, frente al 25,3 por ciento nacional. En todos los indicadores de violencia, las tasas rurales duplican o triplican a las urbanas. El aislamiento, las redes de apoyo más débiles y la menor presencia institucional estarían haciendo más vulnerables a las mujeres que viven fuera de las ciudades.
Además, Las Tunas tiene mil nueve mujeres por cada mil hombres, una razón de sexo superior al promedio cubano (972), esto se traduciría en más mujeres adultas expuestas al riesgo. Y el saldo migratorio total (-20,5 por mil), aunque negativo, es menos intenso que el nacional (-25,6 por mil). Eso puede significar menor dinamismo social y, quizás, menos acceso a servicios de prevención y atención.
No es ocioso recordar que los datos del OCIG, construidos a partir de los procesos judiciales resueltos por el Tribunal Supremo Popular, son una aproximación, no un reflejo exacto de la realidad. La subdeclaración, especialmente en delitos sexuales y en zonas rurales, es un fenómeno documentado. Estas cifras son estimaciones mínimas.
Un cambio de uno o dos casos puede distorsionar las tasas en provincias pequeñas como Las Tunas. Pero su persistencia en los primeros lugares de los rankings nacionales no puede atribuirse al azar ni a la casualidad estadística. Hay un patrón que se repite.
Los datos del OCIG son un espejo incómodo, pero necesario. Muestran avances aparentes de una caída sostenida de la violencia sexual en el país, pero también alertas, como el aumento de las muertes por expareja en Las Tunas.
No olvidemos que la violencia de género no es un problema de estadísticas, sino de vidas. Cada cifra es una mujer que no está. Y cada tasa elevada es un llamado a actuar con urgencia, sin excusas ni demoras.