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Las Tunas.- Ser docente, más que una profesión, es una aptitud. Desde esta perspectiva, Miladis Pérez Ardebol narra parte de ese vínculo indeleble que el noble oficio de educar entretejió con su vida.

Ella pertenece a esa estirpe de maestras que no conciben la vida sin niños alrededor. Nació en la provincia de Camagüey, en el municipio de Nuevitas, y desde hace poco vive en Las Tunas. Antes de llegar aquí trabajó tres cursos en Manatí, impartiendo docencia en un seminternado. Su título es de educadora de círculo infantil y lleva más de 35 años ejerciendo, de ellos, unos 20 como maestra preescolar.

En la escuela primaria Tony Alomá, donde trabaja desde hace dos cursos, atiende la primera infancia. “Con el nuevo perfeccionamiento, los preescolares ya deben reconocer los números naturales hasta el diez y los símbolos matemáticos. Antes no lo hacían”, aclara.

“Aquí me siento bien, afirma. La razón es simple: “Porque es lo que me gusta realmente, elegí mi carrera porque nací para esto. Si yo volviera a nacer la ejerciera igual”.

Esa vocación tiene raíces familiares. “Me crié en ese mundo, mi familia entera por parte de madre, ejercieron el magisterio”, cuenta. Su papá, aunque no directamente en la docencia, también trabajó en la escuela, la enseñanza estuvo siempre presente en su casa, nos cuenta.

Sobre el curso actual, Miladis reconoce las dificultades económicas del país, la falta de recursos y los problemas de electricidad. Pero también destaca lo positivo. “Tenemos buena asistencia, los padres han colaborado bastante, se sienten bien con nosotros”, asegura.

A quienes comienzan ahora en esta profesión, les deja un consejo “tienen que tener mucha dedicación, sacrificio, porque como ahora prácticamente no hay de nada, tenemos que enseñar a educar a esos niños como quiera que sea”, afirma.

Cuenta con la ayuda de una auxiliar pedagógica que es también maestra. “En caso de ausentarme por alguna situación ella sabe como seguir adelante”, relata. Esa confianza mutua es parte del engranaje que mantiene su aula en marcha.
Cuando se quiere conocer a una persona no se le pregunta por lo que hace, sino por lo que ama y esta profesora es el espejo donde se refleja esa satisfacción, porque esa es la vocación que mueve al maestro.